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Iglesia Evangélica Filadelfia
EL MINISTERIO DE APÓSTOL. Por Ramón del Seminario de Madrid Hay muchos ministerios relacionados con el servicio de Dios, pero El ha escogido a varios hombres para un ministerio especial, esto es, el ministerio de la Palabra para la edificación del Cuerpo de Cristo.
No es un ministerio de un solo hombre, ni tampoco de “todos los hombres”, sino que es un ministerio basado en los dones del Espíritu Santo y en un conocimiento práctico del Señor. Los apóstoles, profetas, evangelistas, pastores y maestros son los dones que nuestro Señor ha dado a Su Iglesia para que sirvan en el ministerio.
EFESIOS 4:11-12 “11 Y él mismo constituyó a unos a unos, Apóstoles: a otros, Profetas: a otros, Evangelistas; a otros, Pastores y Maestros, 12 a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo”.
EL APOSTOL Dios es un Dios de obras. Nuestro Señor dijo: “Mi Padre hasta ahora trabaja” (Juan 5:17). Pero a la vez, El tiene un propósito definido y dirige todas Sus obras hacia la realización de este propósito.
El es el Dios “que hace todas las cosas según el designio de su voluntad”. Pero Dios no hace todas las cosas directamente por Sí mismo. El trabaja a través de Sus siervos. Entre éstos, están los apóstoles. Vayamos a la Palabra de Dios para ver qué enseña en cuanto a los apóstoles.
a) ¿QUE ES UN APOSTOL?
En el cumplimiento del tiempo, Dios envió a Su Hijo al mundo a hacer Su obra. El es conocido como el Cristo de Dios, es decir, “el Ungido”. El término “Hijo” se refiere a Su Persona; el nombre “Cristo” se refiere a Su oficio.
El era el Hijo de Dios, pero fue enviado para ser el Cristo de Dios. “Cristo” es el nombre ministerial del Hijo de Dios. Nuestro Señor fue El ungido y apartado por Dios para la obra. Con frecuencia, a lo largo del Evangelio de Juan, le encontramos refiriéndose a Dios, no como “Dios”, ni como “el Padre”, sino como “El que me envió”. El tomó la posición de enviado. Las Escrituras tienen un nombre especial para un enviado, a saber, un apóstol. El significado de la palabra griega es “el enviado”.
En Griego la palabra Apóstol se escribe “APOSTOLOS “ y significa; Uno que es enviado…Un enviado.
El Señor mismo es el primer Apóstol porque El es el primero que fue enviado especialmente por Dios; por tanto, la Palabra se refiere a El como “el Apóstol”
JUAN 20:21 “Entonces Jesús les dijo otra vez; Paz a vosotros. Como me envió el padre, Así también yo os envió”.
HEBREOS 3:1 “Por tanto, hermanos santos, participantes del llamamiento celestial, considerad al Apóstol y Sumo sacerdote de nuestra profesión, Cristo Jesús”.
Por estos pasajes y algunos mas, vemos que Cristo, (entre otras cosas) fue un enviado; (Apóstol). Con una misión y un trabajo que realizar, por lo cual vemos que el verdadero Apóstol es uno que va siempre con una misión, él no va por si mismo, mas es enviado. Y comisionado por Dios.
Los apóstoles son hombres que tienen una comisión y un llamado especial. Es inútil que alguna persona tome el ministerio de apóstol sencillamente porque cree que tiene los dones o capacidad necesarios.
Se requiere más que un simple don o habilidad para constituir a los hombres apóstoles; se requiere nada menos que a Dios mismo, Su voluntad y Su llamamiento.
Ningún hombre puede alcanzar el apostolado por cualidades naturales o de otra índole; Dios tiene que hacerle apóstol si alguna vez ha de serlo, por que por muy buenas que sean las intenciones humanas, nunca pueden tomar el lugar de la comisión divina.
Si un hombre llega a ser de algún valor espiritual, y si su obra sirve a un fin espiritual, depende del envío de Dios. Ser “un hombre llamado y enviado por Dios” debe ser la característica principal de todo ministerio de Apóstol, En Hechos 13 nos muestra como Bernabé y Pablo fueron enviados a los gentiles.
En la Palabra de Dios hay varios textos que dan una lista o un orden, en cuanto a los ministerios, y vemos que el primer don que aparece al comienzo de la lista es el de Apóstol. Pero Dios pone y a la vez constituye.
1ª CORINTIOS: 12:28 “Y a unos puso Dios en la Iglesia, primeramente Apóstoles…” EFESIOS 4:11 “Y él mismo constituyo a unos, Apóstoles…”
b)- LA OBRA DEL APOSTOL. De las cinco clases de hombres dotados que el Señor ha concedido a Su Iglesia para su perfección, los apóstoles eran muy diferentes de las otros cuatro.
La posición especial ocupada por los apóstoles es obvia a cualquier lector del Nuevo Testamento. Ellos fueron comisionados especialmente por Dios para fundar iglesias por medio de la predicación del evangelio, para traer revelación de parte de Dios a Su pueblo, para tomar decisiones en asuntos relacionados con doctrina y gobierno, y para edificar a los santos.
Tanto espiritual como geográficamente su esfera de acción o trabajo era extensa, en los Capítulos 13 y 14 del libro de los hechos leemos que Pablo y Bernabé no limitaron su trabajo como apóstol a un lugar local, ni provincial, sino que iban a cualquier lugar donde el Espíritu Santo les dijera.
“Ellos entonces, enviados por el Espíritu Santo descendieron a Seleucia y de allí navegaron a Chipre. Y llegados a Salamina… Y habiendo atravesado toda la isla hasta Pafos…”(Hechos:13: 4-6).
“Habiendo zarpado de Pafos, Pablo y sus compañeros arribaron a Perge de Panfilia … pasando de Perge, llegaron a Antioquia de Pisidia”. (Hechos 13:13-14)
Con estos pasajes vemos que un movimiento continuo caracterizó a Pablo como apóstol, no paraba, iba de un lugar a otro, no se aferraba a ningún sitio, estaba constantemente de gira proclamando la palabra de Dios.
Por que un verdadero apóstol es un viajero no un poblador.
¿Hay algún indicio de que uno realmente esta comisionado por Dios para ser un apóstol?
En 1ª Corintios 9:1-2, Pablo dice que el apostolado tiene sus credenciales. “El sello de mi apostolado sois vosotros en el Señor” En donde quiera que haya una comisión de Dios, allí está la autoridad de Dios; Donde quiera que haya la autoridad de Dios, allí está el poder de Dios. En donde quiera que hay poder de Dios, allí encontramos frutos espirituales. Por que el fruto del trabajo del apóstol prueba la validez de la comisión de Dios.
Si Dios ha llamado a un hombre a ser un apóstol, será manifiesto en el fruto de su obra.
En 2ª Corintios: 12: 11-12 “En nada he sido menos que aquellos grandes apóstoles…con todo, las señales de apóstol han sido hechas entre vosotros en toda paciencia, por señales, prodigios y milagros”.
Las señales o credenciales de un apóstol nunca faltaran donde realmente hay un llamamiento apostólico, pero ¿Cuál es la obra de un Apóstol? ¿Qué trabajo realiza? ¿Cual es su cometido?
Veamos 4 labores que todo Apóstol realiza y que a la vez tiene que cumplir. (Hay más pero como base creemos que es suficiente).
I) LEVANTAR OBRAS. Todo Apóstol tiene que levantar obras y establecerlas poniendo el fundamento cristiano.
1ª CORINTIOS 3:10 “Conforme a la gracia de Dios que me ha sido dada, yo como perito Arquitecto Puse el fundamento, y otro edifica encima; pero cada uno mire como edifica”
EFESIOS 2:20 “Edificados sobre el fundamento de los apóstoles Y profetas, siendo la principal piedra de ángulo Jesucristo mismo”.
II) CONFIRMAR OBREROS. HECHOS 14:23 “Y constituyeron ancianos en cada iglesia, y habiendo orado con ayunos, los encomendaron al Señor en quien habían creído”.
III) GOBIERNA. La palabra gobierna o gobernar significa según el diccionario de la lengua española; gobernar = guiar, dirigir.. gobernar = mandar con autoridad o regir.
Cuando hablamos de gobernar queremos decir; guiar, dirigir o usar la autoridad establecida por Dios, para un buen fin o propósito en la obra de Dios.
2ª CORINTIOS 10:8, 13. “Porque aunque me gloríe algo más todavía de nuestra autoridad que el Señor nos dio para edificación y no para vuestra destrucción…” “Pero nosotros no nos gloriaremos desmedidamente, sino conforme a la regla que Dios nos has dado…”
IV) CUIDA DE LA DOCTRINA (la enseñanza). 2ª TESALONICENSES 3:6-ss. “Pero os ordenamos hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, que os apartéis de todo hermano que ande desordenadamente, y no según la enseñanza que recibisteis de nosotros…”
c) -GRUPOS DE APOSTOLES. El Señor como apóstol era único, y los doce, como apóstoles, también eran singulares; pero ni el Apóstol ni los doce apóstoles podían permanecer en la tierra para siempre. Al partir nuestro Señor, El dejó a los doce para que continuaran Su obra. Ahora que los doce han partido, ¿quiénes están aquí para continuarla? El Señor se ha ido, pero el Espíritu ha venido. El Espíritu Santo ha llegado para asumir toda la responsabilidad de la obra de Dios en la tierra. El Hijo estaba obrando para el Padre; el Espíritu está obrando para el Hijo. El Hijo vino para realizar la voluntad del Padre; El Espíritu ha venido para realizar la voluntad del Hijo. El Hijo vino para glorificar al Padre; el Espíritu ha venido para glorificar al Hijo. El Padre nombró a Cristo para que fuera el Apóstol; el Hijo, mientras estaba en la tierra, nombró a los doce para que fueran apóstoles.
Ahora el Hijo ha regresado al Padre, y el Espíritu está en la tierra designando hombres para que sean apóstoles. Los apóstoles nombrados por el Espíritu Santo no pueden sumarse a las filas de los que fueron nombrados por el Hijo; con todo y eso, son apóstoles.
Es posible ver claramente que los apóstoles mencionados en Efesios 4 no son los doce originales, porque aquéllos fueron nombrados cuando el Señor todavía estaba en la tierra, mientras que el nombramiento de éstos al apostolado data después de la ascensión del Señor; ellos eran los dones que el Señor Jesús dio a Su Iglesia después de Su glorificación.
Los doce apóstoles de entonces eran los seguidores personales del Señor Jesús, pero los apóstoles de ahora son ministros para la edificación del Cuerpo de Cristo. Debemos diferenciar claramente entre los apóstoles que fueron testigos de la resurrección de Cristo (Hechos: 1:22, 26), y los apóstoles que son ministros para la edificación del Cuerpo de Cristo, porque el Cuerpo de Cristo no existía antes de la cruz. Sin duda, más tarde los doce recibieron la comisión de Efesios; pero los doce, como tales, eran muy distintos de los apóstoles mencionados en Efesios. Es evidente, por tanto, que Dios tiene otros apóstoles además de los doce originales.
I):..LOS DEL CORDERO Mientras nuestro Señor cumplía Su ministerio apostólico en la tierra, El estaba consciente todo el tiempo de que Su vida en la carne estaba limitada. Por lo tanto, aun mientras llevaba a cabo la obra que el Padre le había confiado, El estaba preparando un grupo de hombres para que la continuaran después de Su partida.
A estos hombres también se les llamó apóstoles. Fueron escogidos y enviados. ¿De entre quiénes escogió nuestro Señor a estos apóstoles?
Ellos fueron escogidos de entre Sus discípulos. Todos aquellos que fueron enviados por el Señor ya eran discípulos. No todos los discípulos son necesariamente apóstoles, pero todos los apóstoles sí son discípulos; no todos los discípulos son escogidos para la obra, pero aquellos que son escogidos para la obra, siempre son elegidos de entre los discípulos del Señor.
Así que un apóstol debe tener dos llamamientos: en primer lugar debe ser llamado a ser discípulo, y en segundo lugar, debe ser llamado a ser apóstol. Su primer llamamiento es de entre los hijos de este mundo para ser un seguidor del Señor. Su segundo llamamiento es de entre los seguidores del Señor para ser un enviado del Señor.
Aquellos apóstoles que nuestro Señor escogió durante Su ministerio terrenal ocupan un lugar especial en la Escritura y también en el propósito de Dios, porque estuvieron con el Hijo de Dios mientras vivió en la carne. Ellos no fueron llamados simplemente apóstoles; fueron llamados “los doce apóstoles”. Ocupan un lugar especial en la Palabra de Dios y en el plan de Dios. Nuestro Señor dijo a Pedro que un día se sentarían “en tronos juzgando a las doce tribus de Israel” (Lucas. 22:30).
Este privilegio no les es otorgado a otros apóstoles. Cuando Judas perdió su oficio y Dios dirigió a los once restantes a que escogieran uno para completar el número, leemos que echaron suertes y que la suerte cayó sobre Matías, “y fue contado con los once apóstoles” (Hechos. 1:26).
En el capítulo siguiente encontramos al Espíritu Santo inspirando al escritor de Hechos a decir: “Pedro, poniéndose en pie con los once” (Hechos. 2:14), lo cual muestra que el Espíritu Santo reconoció a Matías como uno de los doce. Aquí vemos que el número de estos apóstoles era un número fijo; Dios no quería más de doce, ni tendría menos.
En el libro de Apocalipsis encontramos que la posición final que ellos ocuparán es, de nuevo, una posición especial: “Y el muro de la ciudad tenía doce cimientos, y sobre ellos los doce nombres de los doce apóstoles del Cordero” (Apocalipsis. 21:14). Aun en el nuevo cielo y la nueva tierra los doce gozan de un lugar de privilegio peculiar, que no es asignado a ningún otro obrero de Dios.
II) LOS DE LA IGLESIA. Inmediatamente después del derramamiento del Espíritu, vemos a los doce apóstoles continuando la obra. Hasta el capítulo doce de Hechos se les ve como los obreros principales; pero al comienzo del capitulo trece vemos al Espíritu Santo empezando a manifestarse como el Agente de Cristo y el Señor de la Iglesia.
En ese capítulo se nos dice que en Antioquia, cuando ciertos profetas y maestros estaban ministrando al Señor y ayunando, el Espíritu Santo dijo: “Apartadme a Bernabé y a Saulo para la obra a que los he llamado” (Hechos. 13:2).
En ese lugar comienza el tiempo en que el Espíritu empieza a enviar hombres. En ese momento dos nuevos obreros fueron comisionados por el Espíritu Santo. Después de que el Espíritu envió a estos dos, ¿cómo se les designaba?
Cuando Bernabé y Pablo estaban trabajando en Iconio, “la gente de la ciudad estaba dividida: unos estaban con los judíos, y otros con los apóstoles” (Hechos 14:4).
Los dos que fueron enviados en el capítulo trece son llamados apóstoles en el capítulo catorce, donde la designación “los apóstoles” (Hechos 14:14) es utilizada con referencia a “Bernabé y Pablo”, lo que prueba concluyentemente que los dos hombres comisionados por el Espíritu Santo también eran apóstoles. Ellos no estaban entre los doce; con eso y todo, eran apóstoles.
Entonces, ¿quiénes son apóstoles? Los apóstoles son los obreros de Dios, enviados por el Espíritu Santo para efectuar la obra a la cual El los ha llamado.
La responsabilidad de la obra está en sus manos. Hablando en términos más amplios, todos los creyentes son responsables de la obra de Dios, pero los apóstoles son un grupo de personas apartadas especialmente para la obra. En un sentido particular, la responsabilidad de la obra recae sobre ellos.
Ahora podemos ver la enseñanza de las Escrituras en cuanto a los apóstoles. Dios designó a Su Hijo para que fuera el Apóstol; Cristo designó a Sus discípulos para que fueran los doce apóstoles; y el Espíritu Santo nombró a un grupo de hombres (además de los doce) para que fueran los apóstoles edificadores del Cuerpo.
El primer Apóstol es único; hay solamente uno. Los doce apóstoles también pertenecen a un grupo único en su género; no hay más que doce. Pero hay otra categoría de apóstoles, escogidos por el Espíritu Santo, y mientras prosiga la edificación de la Iglesia y continúe la presencia del Espíritu Santo en la tierra, la selección y el envío de esta categoría de apóstoles continuará también.
En la Palabra de Dios encontramos a muchos otros apóstoles además de Bernabé y Pablo. Hay muchos que pertenecen a esta nueva categoría, quienes han sido escogidos y enviados por el Espíritu de Dios. En 1ª Corintios 4:9 leemos: “Dios nos ha exhibido a nosotros los apóstoles como postreros”. ¿A quiénes se refieren las palabras “nosotros los apóstoles”?
El pronombre “nosotros” implica que había, por lo menos, otro apóstol además del escritor. Si estudiamos el contexto, notamos que Apolos estaba con Pablo cuando él escribió (ver: 6), y además que Sóstenes fue un coescritor de la epístola. Así que parece claro que “nosotros” aquí se refiere a Apolos o a Sóstenes, o a ambos. Entonces, es lógico concluir que uno de los dos, o ambos, deben de haber sido apóstoles.
Romanos 16:7 dice: “Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y mis compañeros de prisiones, los cuales son muy estimados entre los apóstoles”. La cláusula “los cuales son muy estimados entre los apóstoles” no quiere decir que fueron tenidos como notables por los apóstoles, sino más bien que entre los apóstoles ellos eran notables. La versión de la Biblia de las Américas dice; Romanos 16:7 “Saludad a Andrónico y a Junias, mis parientes y compañeros de prisión, que se destacan entre los apóstoles…” La Nueva Versión Internacional dice; Romanos 16:7 “Saluden a Andrónico y a Junías, mis parientes y compañeros de cárcel, destacados entre los apóstoles…”
En estos versículos que hemos leído, tenemos no solamente otros dos apóstoles, sino otros dos apóstoles notables.
Primera Tesalonicenses 2:6 dice: “Podíamos seros carga como apóstoles de Cristo”. “Podíamos” aquí se refiere claramente a los escritores de la carta a Tesalónica, es decir, a Pablo, Silvano y Timoteo (1:1), lo que indica que los dos jóvenes colaboradores de Pablo también eran apóstoles.
Primera Corintios 15:5-7 dice: “Apareció a Cefas, y después a los doce. Después apareció a más de quinientos hermanos a la vez…Después apareció a Jacobo; después a todos los apóstoles”. Además de los doce apóstoles había un grupo conocido como “todos los apóstoles”. Es obvio, entonces, que además de los doce había otros apóstoles.
Pablo nunca afirmó ser el último apóstol y que después de él no habría otros. Leamos cuidadosamente lo que dijo: “Y al último de todos…me apareció a mí. Porque yo soy el más pequeño de los apóstoles, que no soy digno de ser llamado apóstol” (1ª Corintios. 15:8-9).
Notemos cómo usó Pablo las palabras “último” y “más pequeño”. El no dijo que era el último apóstol; dijo solamente que era el apóstol más pequeño. Si hubiera sido el último, no habría posibilidad de que hubiera otros posteriores a él, pero él sólo era el más pequeño.
Concluimos con un texto más de las escrituras. En el libro de Apocalipsis 2:2 se dice de la iglesia en Éfeso: “Has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los has hallado mentirosos”
Parece claro de este versículo que las iglesias primitivas esperaban tener otros apóstoles además de los doce originales, porque cuando se escribió el libro de Apocalipsis, Juan era el único sobreviviente de los doce, y para ese entonces, incluso Pablo ya había sido hecho mártir.
Si habrían de ser sólo doce apóstoles, y Juan era el único que quedaba, entonces nadie hubiera sido lo suficientemente necio para tratar de hacerse pasar por apóstol, y nadie hubiera sido tan tonto como para dejarse engañar, y ¿por qué hubiera existido la necesidad de probarlos?
Si Juan hubiera sido el único apóstol, ¡entonces la prueba habría sido verdaderamente sencilla! ¡Cualquiera que no fuese Juan, no era apóstol!
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