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Iglesia Evangélica Filadelfia EL ABORTO Por Angel González (hno Angeloso de Asturias)
Y dijo dios: “No matarás”. El aborto ala luz de sagradas escrituras.
Hace unos años nació en mí la inquietud por conocer lo que las Sagradas Escrituras dicen sobre el aborto provocado o intencionado, y después de examinar detenidamente durante semanas el tema mencionado, hallé con cierto asombro, una abundante y clara información sobre el acto del aborto y sobre la naturaleza de las criaturas que aún están en proceso de gestación dentro del vientre materno. Comenté el tema con creyentes con el propósito de conseguir más información y de conocer sus opiniones y actitudes ante esta importante doctrina. Y tengo que confesar, que encontré un gran rechazo en muchas personas hacia mi pretensión de enseñarlo; era un tema tabú. Todo esto me llevó a aparcar la doctrina del aborto entre mis otros apuntes, y a olvidarme de ella.
Pero en este tiempo he podido ver y entender varias cosas con respecto al aborto:
En este estudio no toco ninguno de esos casos tan espinosos como son los embarazos por violación, los bebés con deformidades físicas o psíquicas, o el caso en el que se ha de decidir si salvar al bebé o a la madre de este. Tan solo me limito ha decir lo que las Sagradas Escrituras dicen con respecto al acto voluntario de abortar. Y si no hablo de estos casos, no es porque no lo tenga claro, sino por prudencia; pero se que después de que leas este estudio, y si realmente has entendido la naturaleza del aborto y lo que es la criatura que se está formando en el vientre materno, tú también lo tendrás claro.
Dicho todo esto, vamos a entrar de lleno al tema del aborto.
EL ABORTO A LA LUZ DE LAS ESCRITURAS. Abortar: interrumpir de forma natural o provocada el desarrollo del embrión o del feto durante el embarazo. El aborto está permitido en gran parte de los países del mundo; concretamente lo está en 54 países, lo que supone el 61% de la población mundial. En España, aunque con ciertas limitaciones y normas, cualquier mujer, simplemente con alegar problemas psíquicos, puede interrumpir un embarazo no deseado. El número de abortos provocados en España es de unos 85.000 aproximadamente; en el mundo, durante un sólo año, asciende a unos 50 millones. Pero es evidente que en estas cifras no están reconocidos los abortos clandestinos, como son los provocados en clínicas clandestinas, los abortos caseros, etc., el número de los cuales puede superar a los reconocidos. Conociendo estos datos, me parece muy descarado que los gobiernos de muchos países, entre ellos España, se atrevan a decir que tenemos un problema de natalidad. El problema lo han creado ellos mismos al dar luz verde a la práctica de todo tipo de aborto. Sorprendentemente, un estudio demostró que la mayoría de las mujeres que abortan son mujeres jóvenes y solteras que quedaron embarazadas en una noche de desenfreno, y mujeres casadas (aunque menos), que quedaron embarazadas como consecuencia del adulterio. Primero cometen el pecado de la fornicación o del adulterio, luego el del homicidio; tapan un mal con otro mal mayor; un pecado con otro pecado.
Ahora bien, ¿Qué es lo que se está gestando en el vientre de la madre: un mero trozo de carne o una persona? ¿Qué dicen Las Sagradas Escrituras sobre el aborto? ¿Es pecado, o es algo que tiene indiferente a Dios? Antes de dar respuesta a estas y otras importantísimas preguntas, primero vamos a explicar de forma muy resumida cómo evoluciona un embrión en el vientre de la madre.
PROCESO DE GESTACIÓN DEL EMBRIÓN HUMANO. La vida humana comienza en el momento de la concepción (la unión del esperma masculino y el óvulo femenino). Desde este momento hasta los tres primeros meses de gestación se le llama “embrión”, y desde los tres meses hasta el nacimiento, se le da el nombre de “feto”.
Ø A las dos semanas de la fecundación, se produce la llamada anidación del embrión en el útero, y se inicia el desarrollo del sistema nervioso. Ø A las tres semanas de vida empieza a diferenciarse el cerebro, aparecen esbozos de lo que serán las piernas y los brazos, y el corazón inicia sus latidos. Según estos datos, el corazón comienza a latir prácticamente antes de que la madre se percate de su embarazo. Ø A las cuatro semanas ya empiezan a formarse los ojos. Ø A las seis semanas la cabeza tiene su forma casi definitiva, el cerebro está muy desarrollado, comienzan a formarse manos y pies, y muy pronto aparecerán las huellas dactilares, las que tendrá durante toda su vida. Las extremidades se hacen más patentes, y el embrión alcanza una longitud de 3 cm. aproximadamente. Ø A las ocho semanas, el estómago comienza la secreción gástrica, y comienzan a aparecer las uñas. Ø A las nueve semanas (dos meses aproximadamente), se perfecciona el funcionamiento del sistema nervioso: ya reacciona a los estímulos y detecta sabores, pues se ha comprobado, que si se endulza el líquido amniótico en el que el bebé vive nadando dentro del vientre materno, ingiere más, mientras que si se sala o se acidula, lo rechaza. Ø A las once semanas (dos meses y medio), la función respiratoria se inicia en el bebé, y esta se mantiene durante toda su vida intrauterina. Ø Al final del tercer mes aparecen en la mayoría de los huesos los centros de osificación, se produce la diferenciación de los dedos de las manos y de los pies, y ya comienza ha chuparse el dedo, a bostezar, y a sonreír, lo que puede verse perfectamente en una ecografía. También ya se puede definir si es varón o es hembra. Con tres meses de gestación sólo mide 6 cm. aproximadamente, pero a pesar de ser tan diminuto, ya es un bebé, y no (como muchos dicen), un trozo de carne, pues la mayor parte de sus órganos están completamente formados, y casi todos ellos funcionarán ya en la segunda mitad de la vida intrauterina. Durante el resto del embarazo se limita esencialmente a crecer. Ø Después del cuarto mes, el feto mide casi 15 cm. de longitud, y pesa unos 113 g. Su rostro es humano, y por lo general se aprecian sus movimientos. Ø Durante el quinto y sexto mes se cubre de un vello denominado lanugo, y el cuerpo se desarrolla mucho en proporción a la cabeza. El bebé alcanza una longitud de unos 30 cm. y pesa 624 gramos aproximadamente. Ø Durante el séptimo mes, el feto mide cerca de 40 cm., y ha alcanzado un peso de más de 1 Kg. La membrana pupilar desaparece de los ojos, y los órganos se hallan tan desarrollados que el bebé ya puede ser viable fuera del útero. Un bebé que nazca en este periodo del embarazo, es capaz de mover sus miembros con gran energía y de llorar con una voz débil. Ø Durante el octavo y noveno mes, el feto pierde su aspecto arrugado, y los dedos de las manos y de los pies ya muestran uñas bien desarrolladas. Ø A los nueve meses, el embarazo llega a su fin. El feto ha perdido la mayor parte del vello, y ya está preparado para nacer; ha alcanzado una longitud de unos 50 cm. y un peso aproximado de 3 Kg. A groso modo, este es el proceso del milagro de la gestación del bebé en el vientre de la madre. Pero aquí no termina su evolución, sino que hay cambios que se producirán después de nacer; por ejemplo: la primera dentición aparece seis meses después del nacimiento, y los dientes definitivos lo hacen hacia los siete años. La pubertad, con todos sus cambios anatómicos y fisiológicos sucede en la segunda década de la vida, y la capacidad reproductora en la mujer se inicia poco después de la pubertad.
Es decir, la vida es un proceso único, que empieza en la fecundación y no se detiene hasta la muerte, con sus etapas evolutivas e involutivas, ascendentes y descendentes.
Luego el hecho de que el bebé que aún está en el vientre de la madre no esté desarrollado por completo, no quiere decir que no sea un ser humano, pues un bebé ya nacido, aun no tiene dientes, muchos no tienen cabello, no pueden caminar, ni hablar, ni engendrar descendencia, etc., y sin embargo, aunque aún siguen evolucionando, nadie duda de que son seres humanos. De la misma forma, aunque el bebé en el vientre de la madre no esté formado por completo, esto no significa que no sea un ser vivo.
Lo que quiero decir con todo lo expuesto, es que algunos se confunden, y otros mienten intencionadamente al decir, que un feto es tan sólo un trozo de carne. Si su corazón palpita, si mueve sus extremidades con energía, si bosteza, si se chupa el dedo, si parpadea, si ingiere líquido amniótico, e incluso sonríe, como se puede ver perfectamente en una ecografía, es porque es mucho más que carne muerta o materia inanimada: es un ser humano. De hecho, el pasado 24 de octubre del año 2006, nació en el hospital Baptista de Miami, una niña de tan solo cinco meses de gestación, con un peso 284 gr., y una altura de 24 cm., poco más que el tamaño de un bolígrafo. Después de cuatro meses en la incubadora, ha alcanzado un peso de casi dos kilos, y mide 63 cm., y llevará una vida completamente normal.
Ahora bien, ¿Qué dicen las Sagradas Escrituras sobre el aborto? Vamos a considerar tres declaraciones bíblicas sobre tan importante asunto:
1ª Declaración bíblica: DIOS ES EL CREADOR DE TODA LA CRIATURA. Así está escrito: /Hebreos 1:2-3/ “Dios, por medio de Cristo hizo el universo. Cristo es el resplandor de su gloria y la expresión exacta de su naturaleza, quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”.
En estas palabras escritas en la carta a los hebreos hallamos resumidas dos profundas verdades en lo que refiere a la creación del universo: 1º/ Que Dios es el creador del universo. Esto lo hayamos en la frase: “Dios, por medio de Cristo hizo el universo”. Juan también dijo: “Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él, nada de lo que ha sido hecho, hubiera sido hecho” /Juan 1:3/
2º/ Que Dios ha dejado establecidas unas inteligentes leyes para regir y sustentar todas las cosas que Él mismo creó. Esto lo hayamos en la frase: “...quien sustenta todas las cosas con la palabra de su poder”.
Entre las innumerables cosas hermosas que Dios creó, está la creación del genoma humano; y entre todas las leyes naturales que estableció para regir y preservar el universo, están las maravillosas y sorprendentes leyes que rigen la gestación de los embriones humanos. La ciencia ha sido capaz de descifrar gran parte del genoma humano, y de explicar el procedimiento del milagro de la gestación; pero existen aún muchas cosas que los científicos aún no son capaces de entender ni de explicar. Por ejemplo: está demostrado científicamente, que a los 22 días de la fecundación, y cuando el corazón del embrión tan solo tiene el tamaño de una semilla de amapola, una de las células que lo componen, repentinamente da un primer latido, causando un efecto dominó en todas las demás células que componen el diminuto corazón; progresivamente van latiendo una a una hasta que todo el corazón en conjunto, comienza a latir. Inevitablemente, surge aquí una pregunta: ¿Quién da la orden a esa célula para que espontáneamente dé el primer latido? “En Él estaba la vida, y la vida era la luz de hombres”
Otro de los grandes misterios para la ciencia, es el por qué el cuerpo de la mujer, que se revela contra todo tumor, virus, infecciones, o cualquier especie de enfermedad que aparece en él, ahora, que ha concebido un embrión que va creciendo cada vez más, hasta alcanzar incluso los cinco kilos de peso, el cuerpo de la mujer, no sólo no reacciona en contra de él para destruirlo, sino que además le recibe, le protege y le alimenta. Tanto es así, que los órganos vitales de la mujer, como lo es el corazón, se hecha hacia un lado para hacerle sitio al bebé. La ciencia no lo entiende, pero los creyentes sabemos, que toda esta maravillosa forma de reaccionar del organismo de la mujer encinta a favor del embrión, no es otra cosa que la obediencia a las leyes de Dios que rigen el universo Por lo tanto, el hecho de que Dios haya establecido sabias leyes que rigen la maravilla de la fecundación y gestación del ser humano, le convierten en el creador y dador de la toda vida humana. Así lo entendió y escribió David bajo inspiración divina: “Porque tú (Dios), formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre” /Salmo 139:13/
Ahora bien, alguno se puede preguntar: “si es Dios quien forma a los embriones ¿por qué nacen niños con malformaciones físicas y/o síquicas?”
Como ya hemos dicho, Dios no interviene directa y personalmente con sus propias manos en la formación de cada embrión, sino que lo hace a través de las leyes que Él estableció en la naturaleza. Dios creó con “sus propias manos” a Adán y a Eva, y en cada uno de ellos Dios implanto el maravilloso y misterioso código genético, y les dijo: “creced y multiplicaos, y llenad la tierra”. O sea: Dios creó una pareja perfecta con un código genético perfecto, para que la descendencia que engendraran fuera también perfecta físicamente como lo eran ellos, y convertirse así en los padres de la raza humana. Así está escrito: “Y de una sola sangre, Dios ha hecho todo el linaje de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra” /Hech. 17:26/ La revisión de Reina Valera Revisada dice así: “De uno solo ha hecho toda raza de los hombres, para que habiten sobre toda la faz de la tierra”.
La primera traducción mencionada dice que Dios creó la especie humana “de una sola sangre”; la segunda traducción dice: “de uno sólo”. Pero si la Biblia se hubiera escrito en este siglo, posiblemente, el apóstol hubiera escrito: “Y de un solo “genoma”, Dios ha hecho el linaje de los hombres” Esto corrobora lo ya expuesto anteriormente: “que Dios sólo creó directamente a Adán y a Eva, y de esta pareja, Dios hizo toda la especie humana”. Dios implantó en la sangre de Adán y de Eva el misterioso y sorprendente código genético para de él surgiera toda la especie humana.
Lucas también nos aclara esta verdad en el linaje del Mesías. El médico amado escribió el linaje de Jesús por el linaje de José, y lo hizo de forma ascendente; y marcó que José era hijo de Elí, hijo de Matat, hijo de Leví..., y así continúa hasta llegar a Set, hijo directo de Adán, el cual es la cabeza y padre de toda la especie humana. Pero Lucas termina con la siguiente frase: “y Adán, hijo de Dios”. Esto quiere decir que sólo Adán es criatura “directa” de Dios, los demás somos descendientes de Adán. /Luc. 3:23 a 38/
Ahora bien, Moisés, refiriéndose a la creación del universo y del hombre, dijo: “Y vio Dios que todo era bueno en gran manera”. Esta frase quiere decir, que si Adán no hubiera desobedecido a Dios, toda la descendencia de Adán y Eva (la raza humana), sería perfecta físicamente: no existirían la vejez, ni la enfermedad, ni el deterioro físico, ni los abortos casuales, ni las malformaciones físicas o psíquicas..., ni siquiera los fuertes dolores de parto, los cuales son consecuencia de la desobediencia. La desobediencia del hombre alteró todas aquellas cosas que Dios “hizo bueno en gran manera”; provocó un cataclismo en el área moral, espiritual, y físico del ser humano; y no sólo en el ser humano, sino también en la naturaleza, en el universo, e incluso en las dimensiones espirituales. Y entre dichas cosas, el pecado también alteró el perfecto código genético humano que Dios puso en el hombre. Esta es la principal causa por la que existe las enfermedades, la vejez, la muerte física..., y algunas malformaciones genéticas.
A esto hay que añadir, que algunos pecados, hábitos e imprudencias de los futuros padres, hacen que aumente el riesgo de dichas malformaciones. Algunos de ellos son: el consumo de alcohol, de droga, de tabaco, de ciertos fármacos, y de otras sustancias toxicas.
Pero el hecho de que Dios es el Creador del primer hombre, del primer código genético y de las leyes de la gestación embrionaria, le convierten en el Creador de cada ser humano. Así está escrito en el Salmo 127:3: “Herencia de Jehová son los hijos”. Vuelvo a repetir las palabras ya mencionadas de David: “Porque tú (Dios), formaste mis entrañas; me entretejiste en el vientre de mi madre” /Salmo 139:13/
También está escrito en el evangelio de San Juan: “Todas las cosas por Él fueron hechas, y sin Él, nada de lo que ha sido hecho, hubiera sido hecho”
¡Sí, Dios es el Creador de cada ser humano! Es el Creador de cada hombre, de cada mujer, de cada niño, y de cada embrión. Si Él no hubiera puesto en el ser humano el código genético y no le diera el espíritu, no existiría la raza humana, se hubiera extinguido con Adán y Eva. Luego si Él es el creador de la especie humana, evidentemente también es el dueño de cada bebé que se está gestando dentro del vientre de cada mujer en cinta.
El libro de Job dice en el capítulo 42:12-13 “y bendijo Jehová Job..., y tuvo siete hijos y tres hijas”. En otras palabras: cada niño o niña es una bendición que Dios nos concede a cada matrimonio, para que además de aportarnos alegrías, les cuidemos, eduquemos y enseñemos cómo conducirse en la vida humana y espiritual. Es Dios el verdadero Creador y dueño de cada criatura; y no sólo de cada criatura, sino de todo el universo. Esto significa que no tenemos ningún derecho de impedir que se forme y que nazca el bebé que ya ha sido engendrado, pues no es nuestro, sino de Dios. Como está escrito: “Suya es la tierra y toda su plenitud” y “Todas las cosas son hechas por Él y para Él”
2º Declaración bíblica: DIOS AMA A LOS EMBRIONES HUMANOS. Dice el Salmo 127:3: “...cosa de estima es el fruto del vientre”. El verbo “Estimar” significa: Considerar y apreciar a alguien o algo por su calidad o circunstancias. Podemos leer el texto bíblico de la siguiente manera: “cosa de consideración y aprecio por su calidad es el fruto del vientre”. Dios estima a los embriones.
David escribió: “Pero tú eres el que me sacó del vientre... Sobre ti fui echado desde antes de nacer; desde el vientre de mi madre, tú eres mi Dios” /Salmo 22:9-10/ Esta última frase nos revela que Él se ofrece y se convierte en el Dios de cada criatura. La Nueva Versión Internacional escribe el texto citado de la siguiente forma: “Fui puesto “a tu cuidado” desde antes de nacer...”. Estas palabras muestran que Dios se preocupa de tales criaturas o embriones.
Vivimos en una sociedad en la que impera un espíritu de discriminación: se menosprecia y desprecia al mendigo, al extranjero, a las razas minoritarias, al anciano, a la mujer..., y sobre todo, a los bebés que se están gestando. Pero Dios no es como el hombre: Dios no tiene orgullo, Dios no menosprecia a nadie. Nadie pasa desapercibido ante sus ojos; así está escrito: “Dios es grande, pero no desestima a nadie”. Un bebé en proceso de gestación es de gran estima para Dios. Está escrito en el Salmo 139:16: “Tus ojos vieron mi embrión”. En la traducción bíblica Nueva Versión internacional, la frase mencionada está escrita de la siguiente manera: “Tus ojos vieron mi cuerpo en gestación”
Dios ya piensa en los diminutos embriones, y sin lugar a dudas, Dios ama a cada una de esas criaturas que se están gestando dentro de cada mujer en cinta; y lo hace con un amor infinito, inalterable y eterno.
3º Declaración bíblica: DIOS TIENE UN PROPÓSITO CON CADA CRIATURA. El profeta Jeremías manifestó: “Vino a mí la palabra de Jehová, diciendo: “Antes que yo te formase en el vientre, te conocí; y antes que salieses de la matriz, te santifiqué y te di por profeta a las naciones” /Jeremías 1:5/ Estas palabras que Dios mismo profirió al profeta Jeremías revelan las tres verdades expuestas hasta ahora en éste estudio:
Rebeca, esposa del patriarca Isaac, estaba embarazada de mellizos, y padeciendo cierto malestar físico, fue a consultar a Jehová, y Él le dijo: “Dos naciones hay en tu seno”. /Génesis/ Quizá Rebeca pensó que lo que tenía en su seno sólo eran dos insignificantes trozos de carne, pero para Dios, aquellos dos embriones eran dos naciones. Rebeca quizá sólo veía materia, más Dios veía dos personas de las cuales formaría dos grandes naciones, pues Él tenía un propósito con tales embriones.
Pablo dijo: “... Dios me apartó desde el vientre de mi madre y me llamó por su gracia...” /Gálatas 1:15/ Pablo fue escogido por Dios para el apostolado cuando tan sólo era un diminuto embrión en proceso de gestación. Dios tenía un propósito con Pablo cuando tan sólo era un embrión.
Ahora bien, si Rebeca (la mamá de Jacob), hubiera abortado, habría roto el plan de Dios para con la nación de Israel; si la madre de Jeremías hubiera abortado, hubiera privado a Israel de un gran profeta; y si la madre de Pablo hubiera interrumpido su embarazo, hubiera privado a la iglesia de un gran apóstol y maestro. En otras palabras: si estas mujeres hubieran interrumpido sus respectivos embarazos, hubieran perjudicado al mundo entero; tan sólo el diablo se hubiera beneficiado con tales abortos. Y aunque es cierto que si estas mamás hubieran abortado, Dios levantaría a otro Jacob, a otro Jeremías y a otro Pablo (porque Dios puede levantar hijos aún de entre las piedras), también es cierto que tales mujeres hubieran cometido el grave delito de entorpecer, desviar y retrasar los planes de Dios e interferir en sus proyectos.
Los casos de Jacob, Jeremías y Pablo no son excepciones, sino que Dios tiene un propósito con cada persona ya desde el vientre de la madre. Lo que para el hombre puede ser insignificante e inútil, para Dios puede ser una pieza clave en sus inescrutables planes; como lo fue aquel gusano que comió la calabacera que daba sombra a Jonás, o el simple palo con el que Eliseo hizo flotar un hacha, o la vara de Moisés con la que Dios hizo brotar agua de la peña, o el gallo que humilló al apóstol Pedro. Nadie es insignificante para Dios.
La existencia de cada ser humano, ya sea directamente o indirectamente, ha tenido y tiene cierta influencia en el mundo, o al menos en el entorno en el que cada uno se mueve. ¿Te has preguntado alguna vez, cómo hubiera sido la vida de aquellos que viven a tu alrededor, si tú no hubieras nacido? Yo si me lo he preguntado; y se que mi existencia, como la de cualquier otra persona que vive en el prepósito de Dios, ha tenido y tiene cierta influencia positiva en el entorno en el que me muevo; sobretodo en las personas con las que he convivido. Mi existencia ha cambiado conductas, alterado circunstancias, e influenciado en mentes y corazones; mi proceder y mis palabras han provocado pensamientos, sentimientos, emociones, arrepentimientos, alegrías, y a veces iras. Mi existencia ha tenido y tiene influencia en mi esposa, en mis hijos, en mis amigos, en la iglesia, en mi familia; y por mis oraciones, también en el mundo. Aún a ciertos ángeles de Dios les afecta mi existencia, ya que tienen la orden de velar por mi vida espiritual y física. También en el reino de las tinieblas mi existencia tiene consecuencia, pues sé que algunas veces he descubierto y frustrado malévolos planes del Maligno. Sé que el Maligno me odia, y que mi existencia no le conviene; y estoy seguro que a él le hubiera gustado que mi existencia se hubiera abortado. Incluso a Dios le ha afectado mi existencia, ya que mi culpa y condenación han provocado la encarnación del Verbo y su muerte en la cruz.
Y no sólo mi existencia es positiva y tiene efecto en el mundo, sino también la existencia de todos aquellos que viven de forma honrada y que procuran hacer bien al prójimo: unos aportan buenas cosas desde la medicina, otros desde la abogacía, otros desde la política, otros cuidando a los más débiles, otros aportando su dinero, otros enseñando a vivir, otros visitando a los enfermos, etc. Incluso el mendigo aporta cosas positivas en el mundo, puesto que aporta la oportunidad de que los menos pobres, podamos ser generosos, y podamos sentir la satisfacción de haber hecho un bien y atesorar buenas obras para la eternidad. La vida de cualquier persona puede ser positiva en la tierra si se lo propone; y sobre todo, si está dentro de los planes de Dios.
Por lo tanto, quien provoca un aborto, está obstruyendo el plan que Dios tiene con la criatura y con su obra; y sólo Dios sabe hasta que punto perjudicando a la humanidad, ya que una sola persona puede cambiar una nación, e incluso el mundo.
Como ya hemos mencionado, un minucioso estudio revela que se practican unos 50 millones de abortos en el mundo cada año, esto sin tener en cuenta los abortos clandestinos. Supongamos que entre los reconocidos y los clandestinos suman 100 millones de abortos por año. Luego desde el año 1977 hasta el 2007, que es el año en el que estamos, el número de abortos asciende a 3.000 millones. O sea: si estas mujeres no hubieran abortado, ahora habría unos 3.000 millones de personas más en el mundo. Y yo me pregunto: si estos 3.000 millones de bebés hubieran nacido ¿hoy el mundo sería igual? ¿Habrían influenciado de tal forma estos bebés como para cambiar el mundo y la historia? Probablemente nunca lo sabremos. Pero hay algo importante que sí sabemos, y es que Dios tiene un hermoso plan con cada individuo, con cada hombre, con cada mujer, con cada niño, y con cada bebé que ahora se está gestando en el seno de cada mamá, y que provocar un aborto, es alterar los planes de Dios. * AHORA BIEN, ¿QUÉ ES ESA CRIATURA QUE SE ESTÁ FORMANDO EN EL VIENTRE DE UNA MUJER? ¿Es sólo materia, o también posee alma? ¿Es un cuerpo muerto, o tiene vida propia como cualquier bebe ya nacido? Veamos lo que enseñan las Sagradas Escrituras: Leemos Eclesiastés 6:3 -4: “Si un hombre engendra cien hijos y vive muchos años, de modo que los días de sus años son numerosos, pero su alma no se sacia de sus bienes y ni aun recibe sepultura, digo yo que un “abortivo” es mejor que él. Porque “éste” en vano viene...” Salomón, refiriéndose al embrión, no dice: “esto”, como si de un objeto o un trozo de carne se tratara, sino que dice: “éste”, término que se le aplica a una persona. Un embrión o feto humano, no es algo, sino alguien. El santo Job, reconociendo a Dios como su Creador, dijo: “Tus manos me hicieron y formaron..., Me vestiste de carne y de piel, y me tejiste con huesos y nervios. Vida y misericordia me concediste, tu cuidado guardó mi espíritu”. /Job 10:8 a 11/ Con estas palabras Job nos revela dos cosas: 1º Que las criaturas poseen espíritu humano cuando aún están dentro del seno de la madre. Esto lo hayamos en las frases: “Vida me concediste”, y: “tu cuidado guardó mi espíritu”. 2º Que el espíritu humano ya está presente cuando aún no se ha gestado el cuerpo en su totalidad. Esto lo hayamos en la frase: “me vestiste de carne y de piel”. La carne y la piel revisten al “Yo” humano”, o sea: la parte espiritual del hombre.
Leemos Lucas 1:·31 a 44. Dice así: “cuando Elisabet escuchó la salutación de María, la criatura saltó de alegría en su vientre”. El bebé que saltó de alegría en el vientre de Elisabet era Juan el Bautista, cuando tan sólo era un feto con seis meses de gestación. Ahora bien, sabemos que ni la materia, ni los cuerpos muertos, tienen emociones, por cuanto éstas están en el alma; así está escrito: /Salmo 35:9/ “Entonces mi alma se gozará en Jehová, y se alegrará en su salvación” /Salmo 94:19/ “Tus consolaciones alegraban mi alma”. /Salmo 42:5/ “¿Porqué te abates, oh alma mía, y te turbas dentro de mí?
Luego si las emociones están en el alma y brotan de la misma, entonces Juan el Bautista ya la tenía cuando aún estaba dentro del vientre de su madre; y si tenía alma, tenía vida propia, pues como revela Santiago: “El cuerpo sin el espíritu está muerto” /Sant. 2:26/ La criatura que se estaba gestando en el seno de Elizabet saltó de alegría porque no era mera materia, ni un cuerpo muerto, sino un cuerpo con vida propia, o lo que es lo mismo: con alma. Dijo el ángel de Dios a Elisabet, refiriéndose a Juan el bautista: “...porque él será grande delante del Señor. Nunca beberá vino ni sidra, y será lleno del Espíritu Santo aun desde el vientre de su madre” /Luc 1:15/
La llenura del Espíritu Santo no es una necesidad del cuerpo, sino del alma y del espíritu humano; por esta razón, cuando el salmista estaba lejos de su Dios, dijo: “Como el ciervo brama por las corrientes de las aguas, así clama por ti oh Dios el alma mía. Mi alma tiene sed de Dios, del Dios vivo” /Salmo 42:1-2/ En el Salmo 62:1, clama el salmista: “Sólo en Dios reposa mi alma” Luego si Juan el bautista fue lleno del Espíritu Santo cuando estaba dentro del vientre de Elisabet, es porque ya poseía alma y espíritu.
También está escrito, que cuando Elisabet se encontró con María, esta ya había concebido a Jesús en sus entrañas, y Elisabet le dijo: “Bendita tú entre todas las mujeres, y bendito el fruto de tu vientre” /Lucas 1:42/ Elisabet profirió una bendición para María y otra para el bebé que se estaba gestando en su seno. Aquí hay que destacar, que en el encuentro de María con Elisabet, ésta estaba embarazada de seis meses, pero María sólo hacía días que había concebido por obra y gracia del Espíritu Santo. Luego Juan era un feto de seis meses, pero Jesús (el Hombre), tan sólo era un embrión de pocos días de gestación. Sin embargo, a pesar de su corta gestación, aquella Criatura por excelencia ya era contada como un ser independiente de la madre. (Nota: Grande es este misterio: el Dios que todo lo llena, dentro de un microscópico embrión).
El momento en el que el alma entra en el bebé en gestación, no lo puedo confirmar, pues no cuento con la suficiente información bíblica para afirmar nada. Tampoco he encontrado a nadie que se atreva a asegurar cuándo es el momento de la fusión del espíritu y el alma con el cuerpo en gestación. Personalmente, pienso que el reconocido teólogo Lewis S. Chafer, no estaba muy equivocado cuando dijo, que el espíritu humano sí lo da Dios directamente, pues así está escrito en las Sagradas Escrituras. Pero puesto que el hombre nace con el alma contaminada por la naturaleza pecaminosa, no es Dios quien la da directamente (dice el reconocido teólogo), sino que es transmitida de padres a hijos. Por lo tanto, si esto es así, como dice el prestigioso teólogo, entonces el alma ya estaría presente en el momento de la misma concepción.
Es cierto que no podemos asegurar cuándo es el momento exacto de la fusión del alma en los embriones, pero lo que sí asegura la ciencia, es que el ADN de cada ser humano es absolutamente único e individual para siempre. Por lo tanto, desde el comienzo de esta primera célula en adelante, existe un nuevo y totalmente diferente ser humano. Si se destruye esa célula o las que después se desarrollarán, puesto que ese ADN humano no ha existido antes ni volverá a existir otra vez, sería destruir un ser único.
Esto nos deja ver, que aunque un embrión es alimentando por la madre a través del cordón umbilical, ya es una persona, un ser, una vida con propia autonomía. Desde la fecundación tiene ya su propio patrimonio genético y su propio sistema inmunológico diferente al de la madre, con quien mantiene una relación similar a la del astronauta dentro de la nave, la cual lo mantiene con vida. Si el astronauta saliese de la nave, moriría, pero no por estar dentro, forma parte de la nave. De la misma forma, si el bebé saliera fuera del seno de la madre en sus primeros meses de gestación, moriría, pero no por estar dentro, es parte de ella.
Luego si la ciencia del ADN establece sin duda alguna, que esta primera célula humana y todas las que después se forman, no son parte del cuerpo de otra persona, entonces el embrión no es parte del cuerpo de la madre. Con esto se anula el falso argumento de las mujeres que dicen: “yo aborto porque soy libre para escoger lo que quiera hacer con mi propio cuerpo".
¡No! Abortar no es desprenderse de una parte del cuerpo de la mujer, sino la destrucción de un ser vivo independiente de la madre.
Ahora bien, puesto que la criatura que se está gestando en el seno de la madre tiene alma, entones tiene vida, es un ser vivo. Por lo tanto, un aborto, ya sea casual o provocado, no es otra cosa sino la defunción o fallecimiento de una persona.
Leemos Job 3:11 y 13. Dice así: “¿Por qué no morí yo en la matriz, o expiré al salir del vientre? Pues ahora estaría yo muerto” Job, en un momento de amargura, deseó haber muerto: o bien en el parto, o bien cuando aún se estaba gestando en la matriz de su madre. Aquí Job nos está revelando que el aborto “casual o espontáneo” es el fallecimiento de una persona. “¿Por qué no morí yo en la matriz?, Dijo Job.
También utiliza el verbo expirar, palabra que se utiliza para expresar el momento en el que el espíritu abandona el cuerpo en instante de la muerte. Así está escrito en el Evangelio de Lucas 23:46: “Entonces Jesús, gritando a gran voz, dijo: “¡Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu! Y habiendo dicho esto, expiró”. Luego una criatura en el seno de la madre expira y muere de la misma forma que lo hace una persona adulta, por cuanto posee espíritu, por cuanto tiene vida.
Leemos Jeremías 20:13 a 17: “Maldito el hombre que dio la noticia a mi padre, diciendo: “hijo varón te ha nacido”, haciendo así alegrarse mucho... ¿porque no me mató en el vientre, y mi madre hubiera sido mi sepulcro, su vientre embarazado para siempre?”
Morir no es lo mismo que matar: morir es una experiencia natural e involuntaria; significa perder la propia vida. Mientras que matar, es un acto voluntario, no es perder la vida, sino quitarla, y tiene que ver con el asesino, el verdugo, o el suicida. Pues el verbo “matar”, significa: dar muerte, sacrificar, quitar la vida. Jeremías dijo: “¿...por qué el hombre que dio la nueva de mi nacimiento, no me mató en el vientre?”. Aquí el profeta Jeremías no se está refiriendo al aborto casual o natural, sino al aborto intencionado o provocado. Quien provoca un aborto, comete un delito contra el santo mandamiento que dice: “No matarás”.
/Éxodo 21:22 a 24/ “Cuando algunos riñeren, e hirieren a una mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, el culpable será multado de acuerdo con lo que le impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Más si hubiere muerte, entonces pagará vida por vida”
El texto leído es un artículo de la ley de Moisés dada a Israel. Dicho artículo fue establecido por el mismo Dios para darles protección a la mujer y a los bebés. El artículo dice que si en una riña, una mujer embarazada resultara lastimada y abortara, pero no hubiera muerte, el causante de tal incidente debería pagar el daño causado de acuerdo con lo que determinaran los jueces. Pero si hubiera muerte, entonces debería pagar con su propia vida: ojo por ojo, diente por diente; en este caso: muerte por muerte. En este mandamiento hayamos, que Dios da el mismo valor a la vida de un bebé no nacido como a la de un adulto.
Embrión y/o feto son los nombres que la ciencia, la medicina y la sociedad damos a los bebés que aún no han nacido. Tales nombres no son incorrectos, ya que embrión significa: “Ser vivo en las primeras etapas de su desarrollo, desde la fecundación hasta que el organismo adquiere las características morfológicas de la especie”. Sin embargo, la mayoría de las personas ignoran que un embrión es un ser vivo; más bien creen que un embrión es un simple pedazo de carne sin alma y sin vida. De alguna manera, por la ignorancia que existe sobre lo que es en realidad un embrión o feto, darles tales nombres, es una forma de enmascarar la verdad, es una manera de restarle la gravedad que tiene el aborto. En una ocasión una mujer decidió interrumpir su embarazo porque ya tenía varios hijos. Cuando iba a ser intervenida, una enfermera le preguntó: “¿Tiene usted más hijos que este?” Aquellas palabras despertaron la conciencia de aquella madre, ya que le hizo ver, que aquello que iba a arrancar de su vientre no era un simple pedazo de carne, sino su propio hijo. Si en lugar de embrión o feto, se le llamara “ser vivo o bebé”, nuestro concepto sobre el aborto cambiaría, y nuestra conciencia reaccionaría de forma distinta. Por ejemplo: no es lo mismo preguntarle a una mujer embarazada: ¿Quiere usted desprenderse del embrión?”, que preguntarle: “¿Quiere usted desprenderse de éste ser vivo”? Seguro que no tendría el mismo efecto en la conciencia de la mujer en cinta la pregunta: ¿Quiere desprenderse usted del feto? Que la pregunta: ¿Quiere usted desprenderse de su bebé? O ¿Quiere usted matar a su hijo?
Abortar no significa desprenderse de una parte del cuerpo de la mujer, como puede ser un apéndice o un riñón enfermo; tampoco es el desprendimiento de un tumor o la amputación de una extremidad engangrenada del propio cuerpo de la mujer. Abortar es segar una vida que es totalmente independiente de la madre, es destruir a un bebé, es un infanticidio, un asesinato. Más aún: abortar es exterminar al propio hijo.
El cristianismo está en contra de todo tipo de muerte provocada, puesto que creemos que sólo Dios, el dador de la vida, tiene autoridad sobre la vida humana. Los cristianos estamos en contra del suicidio, de la eutanasia, de la pena de muerte, de las guerras, y de cualquier otro tipo de violencia y asesinatos. Pero me atrevo a decir, que aunque todos los asesinatos son crueles e injustos, el del aborto supera a todos.
Si dudas de lo que estoy diciendo, te ruego que consideres las siguientes reflexiones: 1º El aborto es el asesinato más cruel e injusto porque es un abuso de poder. En una guerra, en una reyerta, o en un caso de violencia doméstica, los agredidos tienen al menos la posibilidad de defenderse de su agresor; sino es con algún arma, lo pueden hacer con las manos; y sino, aún les queda el recurso de gritar pidiendo ayuda. ¿Pero cómo se puede defender un indefenso bebé de dos, tres, cinco o siete meses de gestación, de las manos y las armas de un médico sin conciencia, o de los fármacos abortivos que ingiere su mamá; si ni siquiera cuentan con la posibilidad de gritar y pedir ayuda?
2º El aborto es el asesinato más cruel e injusto porque un bebé es inocente. Los cristianos estamos en contra de la pena de muerte, pero también es cierto que aquellos que son ejecutados (siendo culpables), lo son por haber cometido algún delito, por haber hecho daño a alguien. ¿Pero qué delito ha podido cometer un bebé, si ni siquiera se le ha pedido permiso para traerle al mundo?
3º El aborto es el asesinato más cruel e injusto porque el bebé desea vivir. Los cristianos tampoco estamos a favor de la eutanasia ni del suicidio, pero al menos, en estos dos casos, son ellos quienes piden y buscan la muerte. ¿Pero hemos preguntado al bebé antes de arrancarlo de la tierra donde está floreciendo, si desea morir o vivir? En el caso de un aborto no se respeta la voluntad del bebé.
En una ocasión, un médico abortista se dispuso a practicar un aborto como lo solía hacer cada día. En éste caso era un bebé de varios meses de gestación, así que tuvo que utilizar el método de “dilatación y evacuación”. Tomando un fórceps (una pinza con dientes de metal afilados), se dispuso a arrancar al bebé del vientre de la madre. Pero mientras practicaba el aborto, miró en el monitor que mostraba todo lo que sucedía dentro de la madre, y pudo ver al bebé cómo se apartaba de la afilada pinza y se defendía de ella con gran angustia; el bebé, instintivamente luchaba contra la muerte, se resistía a morir, deseaba vivir. ¿No te parece desmedidamente cruel e injusta la muerte de estos bebés?
Si aún sigues dudando sobre la brutalidad del aborto, reflexiona sobre los crueles métodos utilizados para la provocación del aborto, que a continuación mencionamos: MÉTODOS USADOS PARA ABORTAR. (O dicho de otra manera: formas de matar bebés). Vamos a explicar por encima los métodos de aborto más utilizados por la medicina. (Con el permiso de “ACI Prensa”, de la cual he tomado la siguiente información).
1º Mediante Prostaglandinas: Este fármaco provoca un parto prematuro durante cualquier etapa del embarazo. Se usa para llevar a cabo el aborto a la mitad del embarazo y en las últimas etapas de éste. Su principal "complicación para la medicina", es que el bebé a veces sale vivo. También puede causarle graves daños a la madre. 2º Por “RU-486” Se trata de un fármaco abortivo empleado conjuntamente con una prostaglandina, que es eficiente si se la emplea entre la cuarta y sexta semana de embarazo. Actúa matando de hambre al diminuto bebé, al privarlo de un elemento vital: la hormona progesterona. El aborto se produce luego de varios días de dolorosas contracciones. 3º Aborto por envenenamiento salino: Se extrae el líquido amniótico dentro de la bolsa que protege al bebé, se introduce una larga aguja a través del abdomen de la madre hasta la bolsa amniótica, y se inyecta en su lugar una solución salina concentrada. El bebé ingiere esta solución que le producirá la muerte 12 horas más tarde por envenenamiento, deshidratación, hemorragia del cerebro y de otros órganos. Esta solución salina también produce quemaduras graves en la piel del bebé. Unas horas más tarde comienza "el parto" y da a luz un bebé muerto o moribundo, muchas veces en movimiento. Este método se utiliza después de las 16 semanas de embarazo.
4º Aborto por succión: Se utiliza en las primeras doce semanas de embarazo. Se inserta en el útero un tubo hueco que tiene un borde afilado. Una fuerte succión (28 veces más fuerte que la de una aspiradora casera) despedaza el cuerpo del bebé que se está desarrollando, y absorbe, depositándolo después en un balde. El abortista introduce luego una pinza para extraer el cráneo, que suele no salir por el tubo de succión. Casi el 95% de los abortos en los países desarrollados se realizan de esta forma.
5º Aborto por Dilatación y Curetaje: Comúnmente utilizado cuando el segundo trimestre es avanzado o durante el tercer trimestre. Lógicamente, durante el segundo y el tercer trimestre del embarazo, el bebé es ya demasiado grande para extraerlo por succión, entonces se utiliza el método mencionado. En este método se utiliza una cureta o cuchillo provisto de una cucharilla filosa en el extremo, con la cual se va cortando al bebé en pedazos con el fin de facilitar su extracción. La cureta o cuchilla se emplea para desmembrar o descuartizar al bebé, sacándose luego en pedazos con ayuda de los fórceps. Tras esta operación, como si de un puzzle se tratara, se tiene que armar el cuerpecito del bebé para asegurarse de que no ha quedado nada dentro de la madre. 6º Histerectomía u Operación Cesárea. Este método es exactamente igual que una operación cesárea hasta que se corta el cordón umbilical, salvo que en vez de cuidar al niño extraído se le deja morir. Tal cesárea no tiene el objeto de salvar al bebé sino de matarlo.
7º Método "D & X", también llamado: nacimiento parcial. A las 32 semanas gestación: Este es el método más espantoso de todos. Suele hacerse cuando el bebé se encuentra muy próximo de su nacimiento. Guiándose por una ecografía, el abortista introduce unas pinzas y agarra con ellas una piernecita, después la otra, seguida del cuerpo, hasta llegar a los hombros y brazos del bebé. Así extrae parcialmente el cuerpo del bebé, como si éste fuera a nacer, salvo que deja la cabeza dentro del útero. Como la cabeza es demasiado grande para ser extraída intacta, el abortista entierra unas tijeras en la base del cráneo del bebé que está vivo, y las abre para ampliar el orificio. Entonces inserta un catéter y extrae el cerebro mediante succión. Este procedimiento hace que el bebé muera y que su cabeza se desplome. A continuación extrae a la criatura.
Yo he podido ver en fotografías y vídeos, el estado en que quedan los cuerpos de algunos bebés después de arrancarlos del vientre materno. Dependiendo del método que usen y del tiempo de gestación, unos terminan prácticamente triturados, otros cubiertos de quemaduras y moratones, y otros seccionados por las extremidades; literalmente despedazados.
Como podemos ver, el aborto como único fin, es inhumano, una crueldad, una atrocidad, una monstruosidad. Ciertamente, los bebés sufren lo indecible cuando se provoca el aborto.
Me parece increíble ver, como los gobiernos sancionan a los fumadores por fumar en un lugar público, multan por no llevar puesto el cinturón de seguridad en el coche, y encarcelan a un conductor por conducir tras ingerir un vaso de vino; y sin embargo, toleran y apoyan el aborto. Se cumple en ellos las palabras de Cristo: “cuelan el mosquito, pero se tragan el camello”.
Ahora bien, a parte de los métodos mencionados utilizados por la medicina, existen otros que son utilizados por la madre: son los llamados métodos caseros.
· Uno de ellos es la píldora del día después: La píldora del día después es llamado anticonceptivo de emergencia; es como una píldora anticonceptiva, pero con más alta dosificación. Se recomienda su uso tras una relación, durante un periodo de 72 horas, para prevenir ó “terminar el embarazo”. ¿Cómo funciona la píldora del día después? La píldora del día después tiene 3 formas de funcionamiento: 1º Inhibir (impedir), la ovulación, con lo que el óvulo no llega a madurar. 2º Retrasar laovulación. 3º Irritar las paredes del útero de modo que si la primera y la segunda acción fracasaran y la mujer quedara embarazada, haría imposible la implantación del embrión en el útero. Es decir, que si ocurre la tercera acción, el cuerpo de la mujer rechazará al embrión al no poder implantarse en el útero. Dicho de otra forma: si la mujer, cuando tomara la píldora, estara embarazada, las altas dosis podrían matar al embrión. Esto es llamado por la medicina, aborto químico. Los científicos, médicos y teólogos de la Academia Apostólica para la Vida, han respondido a esta afirmación en un documento hecho público, en el que aseguran que nos encontramos ante un instrumento «abortivo» más que anticonceptivo. Incluso el director del Instituto de Bioética de la Facultad de Posgrado de Ciencias de la Salud, manifestó sobre el mecanismo de la píldora del día después lo siguiente: “la administración de la píldora tiene como objetivo fundamental la eliminación del embrión mediante un efecto antiimplantatorio, lo que se pretende a toda costa es evitar una gestación”. Todo lo mencionado lo corrobora el mismo laboratorio que elabora y comercializa estas píldoras. La Píldora del día después ninguna mujer debería usarla, y mucho menos las mujeres creyentes, puesto que la píldora del día después “es un aborto de guante blanco”. La mujer cristiana que la ingiera conociendo sus efectos abortivos, comete un serio pecado de intención contra el Dador de la vida, aún cuando no haya aborto. Y no sólo se comete un delito de aborto cuando se usa la píldora del día después, sino también cuando se ingiere cualquier otro fármaco con la intención de interrumpir el embarazo; o cuando se recurre a la violencia o maltrato del propio cuerpo, como por ejemplo: el hacer movimientos violentos, arrojarse por una escalera, etc., para luego decir que el aborto fue por causa natural o accidental. Que nadie se engañe a sí mismo: ante Dios, que ve y juzga las intenciones del corazón, todos estamos descubiertos. Toda mujer, y sobre todo toda mujer que tema a Dios, en el momento que conoce o intuye un posible embarazo, debe poner todo su interés y solicitud para que la criatura sea gestada y nazca con toda normalidad. El no hacerlo, supondría un serio pecado contra Dios. Todo matrimonio, antes de elegir un anticonceptivo, deben buscar y tener una completa información sobre el funcionamiento y efecto de estos, no sea que por la ignorancia, utilice alguno que sea abortivo. De hecho, existen algunos de ellos, muy utilizados en estas últimas décadas, que tienen como último recurso de funcionamiento, el impedir la implantación del embrión en el útero, y por consiguiente, el aborto. Vuelvo a repetir: Todo matrimonio busque la máxima información del funcionamiento de cualquier anticonceptivo, puesto que existen algunos, muy utilizados en la actualidad, que son abortivos. Además de esto, hay muchos profesionales de la medicina que no suelen dar una información completa, algunos incluso la ocultan intencionadamente, puesto que están a favor del aborto.
8º/ Vamos a considerar ahora la POSICIÓN DE ALGUNAS AUTORIDADES ANTE EL ABORTO PROVOCADO.
1º/ Posición de la iglesia católica ante el aborto intencionado: La tradición de la Iglesia ha sostenido siempre que la vida humana debe ser protegida y favorecida, tanto desde su comienzo como en las diversas etapas de su desarrollo. Oponiéndose a las costumbres del mundo grecorromano, la Iglesia de los primeros siglos ha insistido sobre la distancia que separa en este tema tales costumbres mundanas de las costumbres cristianas. En la enseñanza católica se dice claramente: "No matarás con el aborto al fruto del seno y no harás perecer al niño ya nacido". Atenágoras hace notar que los cristianos consideran homicidas a las mujeres que toman medicinas para abortar; condena a quienes matan a los hijos, incluidos los que viven todavía en el seno de su madre, "donde son ya objeto de atención por parte de la Providencia divina". Tertuliano (uno de los primeros padres de la iglesia), afirma con claridad el principio esencial. Él dijo: "es un homicidio anticipado el impedir el nacimiento; poco importa que se suprima la vida ya nacida o que se la haga desaparecer al nacer. Es ya un hombre aquel que está en camino de serlo”. El Decreto de Graciano refiere estas palabras del papa Esteban V: "Es homicida quien hace perecer por medio del aborto, lo que había sido concebido”. Juan XXIII ha recordado la doctrina de los Padres acerca del carácter sagrado de la vida, "la cual desde su comienzo exige la acción creadora de Dios". Más recientemente, el Concilio Vaticano II, presidido por Pablo VI, ha condenado muy severamente el aborto diciendo: "La vida desde su concepción debe ser salvaguardada con el máximo cuidado; el aborto y el infanticidio son crímenes abominables". El mismo Pablo VI, hablando de este tema en diversas ocasiones, no ha vacilado en repetir que esta enseñanza de la Iglesia "no ha cambiado, ya que es inmutable". Queda claro que la iglesia católica condena el aborto provocado. 2º/ Posición de la ley moral ante el aborto intencionado. (la conciencia). La práctica del aborto provoca un impacto emocional en la mayoría de las personas que lo realizan. En primer lugar, el aborto intencionado provoca un impacto emocional sobre la madre. En un estudio realizado sobre pacientes post-aborto a sólo 8 semanas de haber abortado, los investigadores hallaron que el 44 % se quejaba de trastornos nerviosos, el 36 % había sufrido alteraciones del sueño, el 31 % tenía arrepentimientos por la decisión tomada, y al 11 % le habían sido prescritos fármacos psicotrópicos por su médico de cabecera. Un estudio retrospectivo que abarcaba un período de cinco años en dos provincias canadienses detectó que la asistencia a los servicios médicos y psiquiátricos era sensiblemente mayor entre mujeres que habían abortado. Lo más revelador fue la conclusión a la que se llegó: según la cual, el 25 % de mujeres que habían abortado, visitaban a los psiquiatras, frente al 3 % del grupo de control habitual. Aproximadamente un 60 por ciento de mujeres que experimentan secuelas post-aborto declaran albergar ideas suicidas, con un 28 por ciento que intenta realmente suicidarse, de las cuales la mitad lo ha intentado en dos o más ocasiones. Investigadores han identificado una estrecha relación estadística entre el aborto y el suicidio en un estudio basado en registros. Los 73 suicidios identificados, se asociaban en el espacio de un año a embarazos que acababan por aborto natural o provocado. El aborto también se halla significativamente ligado al abuso posterior de alcohol y de drogas. Incluso tiene como consecuencia desordenes alimenticios. Según el estudio, en algunas mujeres, el estrés post-aborto se asocia con desórdenes en la ingestión de alimentos; tales como bulimia, comer compulsivamente, y anorexia nerviosa. Una enfermera reveló que muchas mujeres, cuando acaban de someterse a un aborto, se arrojan en la sala de recuperación y lloran, mientras exclaman con gran remordimiento: “¡He matado a mi hijo! ¡Acabo de matar a mi hijo!”. Ciertamente, una madre puede extraer a su bebé de su vientre, pero no de su corazón. El tipo de aborto intencionado que venimos tratando, también tiene serios efectos emocionales en muchos de los profesionales de la medicina. Quienes se ocupan de realizar esta cruel tarea, han escrito y dicho lo suficiente como para mostrar que no se trata de un procedimiento médico cualquiera. Se han realizado dos estudios por investigadores que no trabajaban en el campo del aborto, sobre el efecto que tiene el aborto sobre algunos de los médicos que lo practican. Un estudio publicado en 1974, describe que "eran frecuentes los pensamientos obsesivos sobre el aborto, depresiones, fatiga, ira, baja autoestima y problemas de identidad”. El otro estudio mostró síntomas similares: "Los periodos de estado de ánimo se caracterizaban por una variedad de sentimientos antes poco comunes, y un comportamiento que incluía aislamiento de los compañeros, resistencia a ir al trabajo, falta de energía, impaciencia con los enfermos, y un sentimiento de desasosiego general. Pesadillas, imágenes que no se iban y preocupación, eran elementos comunes.
La práctica de la medicina verdaderamente curativa, no debería causar dichos trastornos psicológicos y emocionales. Pero es que la práctica del aborto que venimos mencionando, no es medicina curativa, ni siquiera es medicina, sino una maldad, una perversidad, un acto de impiedad contra el cual, la propia conciencia se revela. Es el sentimiento de culpa el que origina los trastornos emocionales y psicológicos mencionados. Porque el aborto es una transgresión contra la ley moral, que todos los humanos tenemos escrita por el dedo del Creador, en nuestra conciencia.
3º/ La posición divina ante al aborto intencionado: Leemos Génesis 25:21-22-23: “...y Rebeca concibió gemelos, y éstos luchaban dentro de ella; y dijo: “si es así, ¿para qué vivo? Y fue a consultar a Jehová; y le respondió: “Dos naciones hay en tu seno”.
En la frase de Rebeca: ¿Para qué vivo?, se intuye que Rebeca pensó en el suicidio, para acabar así con su vida y con la de los bebés. ¡Pero Dios se lo impidió! Y no sólo lo impidió porque amaba a Rebeca, sino también porque amaba a las criaturas que se estaban gestando en su seno.
/Éxodo 21:22 a 24/ “Cuando algunos riñeren, e hirieren a una mujer embarazada, y ésta abortare, pero sin haber muerte, el culpable será multado de acuerdo con lo que le impusiere el marido de la mujer y juzgaren los jueces. Más si hubiere muerte, entonces pagará vida por vida”. La versión Bíblica de Jerusalén refleja el texto leído de la siguiente forma: “Si dos hombres, en el curso de una riña, dan un golpe a una mujer en cinta, y provocan el parto sin más daño, el culpable será multado... Pero si resultare daño (muerte), pagará vida por vida...”
Este artículo de la Ley de Moisés fue dado por Dios para dar protección al feto, puesto que para dar protección a los adultos o a los niños ya nacidos, ya se había reflejado un mandamiento contra el homicidio en artículos anteriores, concretamente, en Éxodos 21:12-13-14. Luego si quien provocaba un aborto en el que el bebé muriera, debía pagar con su propia vida, entonces entendemos que para Dios, tiene la misma importancia la vida de un bebé en proceso de gestación, que la de un adulto, pues así decía el mandamiento: “Vida por vida”.
Prov. 6:16-17: "El Señor aborrece las manos que derraman sangre inocente". ¿Existe sangre más inocente que la de un bebé? Gén. 9:6: "El que derrame sangre de hombre, por el hombre su sangre será derramada; porque a imagen de Dios se ha hecho el hombre". Un bebé tiene alma y espíritu, posee personalidad; por lo tanto, es imagen de Dios. /Jeremías 32:35/ “Han edificado lugares altos a Baal para hacer pasar por fuego a sus hijos a Moloc; lo cual no les mandé, ni me vino a la mente que hiciesen esta abominación.” Israel, imitando a las naciones vecinas, sacrificó a sus hijos pasándolos por fuego, una práctica que ni siquiera pasó por la mente de Dios el ordenarla a su pueblo. ¿Cuál es la diferencia entre la práctica de Israel de pasar a sus bebés por fuego y la del aborto? ¿El fin de las dos prácticas no es el mismo: terminar con vidas humanas? Israel usaba el fuego, el mundo actual usa las pinzas afiladas, el veneno, o la Prostaglandina.
Amós 1:13: "Han cometido tantas maldades que no dejaré de castigarlos; porque para ensanchar sus tierras abrieron en canal a las mujeres embarazadas de la región de Galaad”. Abortar intencionadamente es una maldad, un delito contra el santo mandamiento que dice: “No matarás”. Provocar un aborto como único fin, ya sea de forma legal cara a las leyes humanas o de forma clandestina, es pecado de asesinato. Y no sólo peca contra Dios la madre que aborta, sino también todos aquellos que animan a cometerlo: ya sea el esposo, los padres o cualquier otra persona vinculada o no a la madre del bebé; pues escrito está: “No participes en pecado ajeno” y “no participéis en las obras de las tinieblas, sino reprenderlas”. Y evidentemente, también pecan todos aquellos médicos que practican el tipo de aborto del que estamos hablamos. Dios no sólo condena la práctica del aborto, sino que anima a los matrimonios a tener varios hijos; así está escrito: “He aquí, heredad de Jehová son los hijos; recompensa es el fruto del vientre. Bienaventurado el hombre que llena de ellos su aljaba” /Sal. 127:3 y 5/
Si alguno de los que estáis oyendo este mensaje de la palabra de Dios, sentís un profundo pesar en la conciencia por haber abortado, animado o participado en un aborto; ya seas la madre del bebé, familiar, amigo o un profesional de la medicina, debes saber que las Escrituras dicen: que “si confesamos nuestros pecados, él es fiel y justo para perdonar nuestros pecados y limpiarnos de toda maldad” /1ª Juan 1:9/ Si eres capaz de reconocer tu pecado, y de confesarlo a Dios, la sangre de Jesucristo te limpiará de todo pecado. Si tú eres capaz de arrepentirte, Dios es capaz de perdonarte. Dios te ama con un amor eterno e inalterable. Pero también te recuerdo las palabras que Jesús dijo a la mujer pecadora después de perdonarla: “ve y no peques más”.
9º/ LOS BEBÉS EN LA ETERNIDAD: No quiero cerrar este estudio sin mencionar una hermosa verdad bíblica con referencia a estos bebés. Leo en el libro de Job 3:11 a 19; dice así: “¿Por qué no morí en las entrañas, o expiré al salir del vientre? ¿Por qué me recibieron las rodillas? Pues ahora yacería y estaría en quietud. Dormiría y tendría reposo junto con los reyes y los consejeros de la tierra, que reedificaron ruinas para sí; o con los príncipes que poseían el oro y que llenaban de plata sus casas. ¿Por qué no fui escondido como un abortivo, como las criaturas que nunca vieron la luz? Allí los impíos dejan de perturbar; allí descansan los de agotadas fuerzas. Los prisioneros están juntos en descanso y no escuchan la voz del capataz. Tanto el pequeño como el grande están allí; y el esclavo, ya libre de su amo”
Job menciona por tres veces la palabra: “allí”. Job alude a “un lugar”. Señala un lugar donde también están los reyes, los consejeros de la tierra o los príncipes. Un lugar donde está el pequeño, el grande, y el esclavo ya libre de su amo. Un lugar donde hay “quietud, reposo y descanso”. Y según Job, los bebés que no llegaron a nacer, sino que murieron en la matriz de sus mamás, ahora están “allí”: ese lugar es el Paraíso. Aquí hallamos cumplida con creces las palabras de Jesús: “de los niños es el reino de los cielos”.
Quiero destacar una frase del citado texto: “Ahora... dormiría”. Job deja bien claro que los bebés que no llegan a nacer, ya sea por un aborto casual o intencionado, “duermen”. La palabra dormir es utilizada en la Biblia para denotar a los que mueren en la salvación eterna. Así está escrito de la mano de Pablo: “Tampoco queremos, hermanos, que ignoréis acerca de los que duermen, para que no os entristezcáis como los demás que no tienen esperanza. pues si creemos que Jesús murió y resucitó, de la misma manera Dios traerá por medio de Jesús, y con él, a los que han dormido. Pues os decimos esto por palabra del Señor: Nosotros que vivimos, los que habremos quedado hasta la venida del Señor, de ninguna manera precederemos a los que ya durmieron” /1ª Tes. 4:13 a 15/
Todas las almas de los que han muerto dentro de la salvación eterna están en un lugar de paz y de descanso, esperando el gran día en el que el Autor de la vida de la orden y los cuerpos resuciten. Y entre todas estas almas de quienes han muerto en la salvación, también están esperando en reposo todos aquellos bebés que no vieron la luz. Puesto que poseen espíritu, es evidente que pasan a la eternidad, ya que el espíritu es eterno. Las S. Escrituras revelan que cuando todos los judíos apartaban con desprecio a los niños que querían a acercarse a Jesús, ÉL dijo: “Dejad que los niños se acerquen a mí”. Bien se puede aplicar en el caso de los abortos provocados estas palabras de Cristo. Esta generación desprecia a las criaturas que aún están en el vientre de sus respectivas mamás, pero Jesus, los recibe en su reino.
Me pregunto como reaccionarán las madres y los padres de tales bebés cuando se encuentren con ellos en la eternidad. ¿Cuál será la reacción de los médicos abortistas cuando vean a las criaturas que ellos mismos arrancaron de la tierra donde florecían? Pues está escrito que todos aquellos que no si arrepienten de sus pecados en la tierra, tendrán que dar cuenta a Dios algún día en el cielo. Así está escrito: “todas las cosas están desnudas delante de Aquel ante el cual tenemos que dar cuenta” y, “Dios traerá toda a obra a juicio, juntamente con toda obra encubierta, sea buena o sea mala”
Ahora bien, puesto que muchos de ellos han muerto sin legar a poseer un cuerpo completamente formado, algunos me han preguntado: ¿cómo será el espíritu de semejantes bebés en la eternidad? Debemos entender primero, que es el cuerpo quien precisa del espíritu para existir y vivir, y no el espíritu del cuerpo: “El cuerpo sin el espíritu está muerto”, dijo Santiago. Cuando el espíritu abandona el cuerpo, este muere y se torna al polvo; sin embargo, el espíritu sigue existiendo, pues no necesita al cuerpo para existir: “El polvo vuelve al polvo, pero el espíritu vuelve a Dios, que lo dio”, escribió Salomón.
También debemos tener en cuenta, que el espíritu no está sujeto ni a la forma ni a los cambios del cuerpo. El cuerpo sufre constantemente cambios: engorda, adelgaza, envejece, se encorva, se deteriora, etc., pero nada de esto afecta a la “forma” y a la imagen del alma o del espíritu. El alma y el espíritu pueden experimentar cambios de emociones, de pensamientos, de deseos, o de conocimiento, pero nunca en aspecto ni en forma. El espíritu de un hombre de cincuenta años tiene la misma forma e imagen (si es que se puede decir así), que tenía cuando sólo contaba con cinco años de edad, pues al espíritu, no le afecta el tiempo en este sentido. Así que un bebé que aún está en el vientre de su madre, posee el alma que tendrá a los treinta años. Por lo tanto, las almas de los bebés que no tuvieron la oportunidad de nacer, han entrado en la eternidad, a un gozo eterno. Allí están esperando el día de la resurrección en el que Dios les dará el cuerpo que la naturaleza o sus padres no les quisieron dar. Gloria a Dios.
Comentario: Ser padre o madre es un privilegio que Dios no a dado a los ángeles. Ellos ignoran lo que se siente siendo padre, ya que no poseen cuerpo, y por lo tanto, carecen de código genético. Ellos jamás han vivido la satisfacción que se experimenta al abrazar a un hijo, o al oír un “te quiero” sincero de sus infantiles voces, ni han sentido la complacencia que sólo un padre experimenta al ver cómo sus hijos maduran en el bien. Pero al hombre, que fue creado a imagen y semejaza divina, se le ha concedido el privilegio de engendrar vida y prolongar así su existencia a través de los hijos. Demos dar gracias a Dios por concedernos este inefable don.
Además del privilegio de ser padres, Dios también nos ha dado a los seres humanos una inteligencia que ninguna otra criatura terrenal posee; inteligencia que debemos usar en todas las decisiones que tomemos en la vida, y como no, también en el asunto que venimos tratando en este estudio. Un matrimonio debe usar el sentido común, reflexionar de forma inteligente sobre cuántos hijos quieren tener y, cuántos pueden mantener, atender y educar; y no tener más de los que sus posibilidades le permiten tener. Mi sentido común me dice que es mejor tener dos bien atendidos y bien alimentados en todas las áreas, que siete desatendidos y hambrientos. Y para poder controlar el número de hijos deseados, la ciencia nos aporta algunos recursos para impedir los embarazos no deseados y que no implican delito alguno contra las Sagradas Escrituras. Mejor evitar el embarazo, que interrumpirlo, pues esto último sí es un delito contra Dios, contra la ley moral y contra el bebé.
Quiero dar por finalizado este estudio, rogando a todos los cristianos a que condenen el aborto y se revelen contra él con el arma de la palabra de Dios. Y que además rueguen a Dios para que los planes del Maligno, que es quien está detrás de este pecado, sean frustrados. Amén.
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