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Iglesia Evangélica Filadelfia

 

EL ESPÍRITU SANTO
Por Fernando Navarro

 

"No con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los ejércitos"(Zacarías 4:6b).

 "Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos unánimes juntos. Y de repente vino del cielo un estruendo como de un viento recio que soplaba, el cual llenó toda la casa donde estaban sentados; y se les aparecieron lenguas repartidas, como de fuego, asentándose sobre cada uno de ellos. Y fueron todos llenos del Espíritu Santo, y comenzaron a hablar en otras lenguas, según el Espíritu les daba que hablasen"

 

El Espíritu Santo es una de las tres personas de la Trinidad: Padre, Hijo y Espíritu Santo, El existe desde el principio

GRÁFICO DE LA TRINIDAD

En los tiempos del Antiguo Testamento, el Espíritu Santo solía descender sobre los hombres temerosos de Dios y obraba maravillosamente por medio de ellos. Su obra era entonces creativa, directiva e instructiva. Sus manifestaciones eran ocasionales  y  especiales.   La   expresión  característica   del Antiguo Testamento es: "El Espíritu de Jehová vino sobre...". Fue enviado del cielo para dirigir la vida de hombres como Enoc, Noé, Job, Abraham, Moisés, Daniel, Isaías, Elías y Elíseo. En Isaías 41:10 Dios dice: "No temas, porque yo estoy contigo; no desmayes, porque yo soy tu Dios que te esfuerzo; siempre te ayudaré, siempre te sustentaré con la diestra de mi justicia".

En el Nuevo Testamento, cuando Jesús estuvo en la tierra, instruyó a sus discípulos acerca del Espíritu Santo. Les anunció que él los dejaría y en su lugar enviaría a su Espíritu a morar entre ellos, es decir, en la iglesia (Juan 14:16-17). Y les dijo: "Os conviene que yo me vaya; porque si no me fuere, el Consolador no vendría a vosotros; mas si me fuere, os lo enviaré" (Juan 16:7). Por lo tanto, el descenso del Espíritu Santo a la iglesia dependía de la ascensión de Jesucristo. Jesús sabía que debía sentarse a la diestra de Dios, donde se encuentra actualmente. Sabía que debía ser nuestro Sumo Sacerdote, "según el orden de Melquisedec", para poder interceder por nosotros, los que creemos en él.

Jesús ascendió al cielo, como lo había anunciado, pero antes cumplió la gran misión de dar su vida en rescate por muchos. Se hizo sacrificio derramando su sangre: es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo. Nos amó tanto, que proveyó la propiciación por nuestros pecados. "Nadie tiene mayor amor que éste, que uno ponga su vida por sus amigos" (Juan 15:13). Cristo hizo más que eso: dio su vida por sus enemigos. "Dios da prueba de su amor a nosotros, en que siendo aún pecadores, Cristo murió por nosotros... Si siendo enemigos, fuimos reconciliados con Dios por la muerte de su Hijo, una vez reconciliados seremos salvos por su vida" (Romanos 5:8-10, Versión Hispano-Americana).

Jesús resucitó: "primicias de los que durmieron es hecho" (1 Corintios 15:20). Venció el pecado y la muerte, y ahora vive eternamente (1 Corintios 15:54). Creyendo en él, le recibimos como nuestro Salvador personal, conforme a Hechos 16:31: "Cree en el Señor Jesucristo, y serás salvo, tú y tu casa".

 

Después de su ascensión, Cristo envió al Espíritu Santo, el Consolador, como lo había prometido. Lo envió por primera vez el día de Pentecostés a morar en los creyentes y ser precisa­mente lo que Cristo dijo: "Abogado" o representante. Para el creyente, el Espíritu es Cristo sin las barreras de la carne y el mundo, y le permite hacer lo que estas barreras le impedían hacer. Así es que el Calvario abrió la fuente que derramó las bendiciones de Pentecostés sobre los discípulos.

El cumplimiento de la promesa: "Edificaré mi iglesia" comenzó el día de Pentecostés, cuando el Espíritu descendió para edificar, formar y dirigir la iglesia, y permanecerá en ella hasta que sea arrebatada. El Espíritu vino también al mundo para convencerlo de pecado, de justicia y de juicio (Juan 16:7-11).

Además, en el Pentecostés la vida de los discípulos allí reunidos fue transformada por el Espíritu Santo, quien empezaba a operar un nuevo poder en el "trono" de sus corazones. Desvaneció su temor y ellos pudieron hablar la verdad sin temor.

Estando aún en la tierra, Cristo dijo: "Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho" (Juan 14:26). En Hechos 4:31, 33, leemos de otro grupo que recibió al Espíritu Santo: "Cuando hubieron orado, el lugar en que estaban congregados tembló; y todos fueron llenos del Espíritu Santo, y hablaban con denuedo la palabra de Dios... Y con gran poder los apóstoles daban testimonio de la resu­rrección del Señor Jesús, y abundante gracia era sobre todos ellos".

La iglesia actual necesita la plenitud del Espíritu, que mora  en los que ya creen, porque sus cuerpos son templos de él (1 Corintios 3:16). Él instruye al creyente y le inspira a hacer la oración que Dios escucha. Revela los misterios que Cristo no reveló. Da vida a nuestros cuerpos mortales al mismo tiempo que les da salud. Proporciona al creyente energía y fuerza sufi­cientes para realizar trabajos mayores. Cuando el creyente se llena del Espíritu, recibe el don del poder. Hoy los hombres pueden ser transformados en sencillos y poderosos testigos de Cristo; pero el que no tiene al Espíritu no puede hacer la obra de Cristo, porque a su vida le falta poder.

El Espíritu Santo es el Espíritu de Dios, el Espíritu de verdad; pero también es Espíritu de convicción, testimonio, poder, vida, santidad, ayuda, adopción, sabiduría, mansedum­bre, promesa, amor, gracia, revelación, profecía, templanza y gloria. En la plenitud del Espíritu hay abundancia de sabidu­ría, recursos espirituales y poder.

UNA IGLESIA EN PLENITUD:

1.INSTRUIDA

2.INSPIRADA EN LA ORACION

3.VIVIE EN REVELACIÓN

4.VIVIE EN SALUD PLENA

5.IGLESIA FUERTE PARA  PROYECTAR Y TRABAJAR

El hombre lleno del Espíritu es el modelo ideal para nuestra vida. Tal hombre vive en íntima comunión con Dios, en la cual halla su poder y preparación para el servicio. Puede ser lleno con el Espíritu muchas veces, pero es bautizado por el Espíritu solamente una vez.

Hombres y mujeres creyentes gozan de muchas y diversas experiencias de su íntima comunión con Dios. Cada persona necesita pasar algún tiempo a solas con él. Puede hacerlo en su propia recámara, jardín o huerto, o en un hermoso bosque; en la madrugada o al anochecer; en un barco o en una canoa; en la alta montaña o en la quietud de la playa, o bien, junto al impetuoso océano, emblema de majestuosa decisión. "Si quieres entenderte a ti mismo, despide a la multitud", porque es a solas con Dios que captamos las notas místicas que proceden del alma de la eternidad y salen cargadas del poder divino. "Al huerto Cristo fue", y de allí salió preparado para servir.

 

Los dones y ministerios del Espíritu son numerosos:

  1. Es autor del nuevo nacimiento (Juan 3:5-6)
  2. Fue enviado por Cristo del Padre (Juan 15:26)
  3. Es don del Padre (Nehemías 9:20)
  4. Es enviado en el nombre de Cristo (Juan 14:26)…revelara la obra de Cristo
  5. Testifica de Cristo (Juan 15:26)
  6. Fue dado al momento de la exaltación de Cristo(Salmos 68:18)
  7. Imparte el amor de Dios (Romanos 5:3-5)
  8. Es dado para instruir (Nehemías 9:20)
  9. Imparte esperanza (Romanos 15:13)
  10. Mora constantemente en los santos (Juan 14:16-17)
  11. Instruye a los santos (Juan 14:26)
  12. Edifica a la iglesia (Hechos 9:31)
  13. Santifica a la iglesia (Ezequiel 37:28; Romanos 15:16)(1 Tes 5:23)
  14. Es el Consolador de la iglesia (Hechos 9:31)
  15. Fue dado por la intercesión de Cristo (Juan 14:16)
  16. Es fuente de sabiduría (Isaías 11:2)
  17. Fue dado en contestación a la oración (Lucas 11:13)
  18. Reprende a los pecadores (Génesis 6:3)
  19. Fue dado conforme a la promesa (Hechos 2:38-39)
  20. Es dado a los que se arrepienten y creen (Hechos2:38)
  21. Es dado a los que obedecen a Dios (Hechos 5:32)
  22. Efectúa la completa salvación en el creyente (Romanos 6)
  23. Es dado a los gentiles (Hechos 10:44-45)
  24. Es recibido por la fe (Calatas 3:14)
  25. Es una evidencia de unión con Cristo (1 Juan 3:24;Romanos 8:16)
  26. Es garantía de favor continuo de Dios para Israel(Éxodo 39: 29)
  27. Guía a toda verdad (Juan 16:13)
  28. Revela las cosas de Cristo (Juan 16:14)
  29. Prohíbe o detiene al siervo en su camino(Hechos 16:6-7)
  30. Escudriña todas las cosas (Romanos 11:33-34;1 Corintios 2:11)
  31. Le da al creyente una contestación para sus acusadores (Marcos 13:11)
  32. Es el Creador y Dador de la vida (Job 33:4)
  33. Nos ayuda en nuestras flaquezas (Romanos 8:26)
  34. Comisiona a sus siervos (Isaías 48:16)
  35. Enseña cómo y dónde predicar (1 Corintios 2:13)
  36. Enseña qué se debe predicar (1 Corintios 2:13)
  37. Dirige a la iglesia en sus decisiones (Hechos 15:28)
  38. Capacita a los predicadores (1 Corintios 12:8)
  39. Habló por medio de los profetas (Hecho 1:16; 2: 18)
  40. Revela lo futuro (Lucas 2:26)
  41. Es fuente de poder sobrenatural (Mateo 12:28;Juan 7:38-39)
  42. Bautiza a los creyentes en un solo cuerpo(1 Corintios 12:13)
  43. El mundo no lo puede recibir (Juan 14:17)
  44. "No (es) con ejército, ni con fuerza, sino con mi Espíritu, ha dicho Jehová de los  ejércitos" (Zacarías 4:6)

En la Biblia hay muchos emblemas del Espíritu Santo: la paloma (Mateo 3:16); el fuego que ilumina, purifica y discierne (Mateo 3:11); el aceite que consagra, sana y purifica (Salmos 45:7); la lluvia que refresca y da fertilidad; el sello que garantiza y autentica (Efesios 1:13); la voz que guía, habla y previene (Isaías 6:8); el agua que da vida, refresca, limpia y es gratuita (Juan 3:5); y el viento poderoso, independiente y vivificante (Juan 3:8),

Siempre ha habido contienda entre el Espíritu Santo y el espíritu del mal, el diablo. Son enemigos. La carne, incitada por el diablo, lucha contra el Espíritu, y el Espíritu contra la carne.

El Espíritu Santo conduce al cielo. El fruto del Espíritu es amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, manse­dumbre y templanza; además, seguridad, fortaleza, certeza, desinterés personal, victoria, felicidad, satisfacción, ambición aceptable, buena influencia, buen entendimiento, hogares felices y un cielo eterno. Si somos guiados por el Espíritu, no estaremos bajo la ley. Por otra parte, la carne nos lleva a lo que no aprovecha, porque va en pos del maligno. Las obras de la carne son: adulterio, fornicación, inmundicia, disolución, idolatría, hechicerías, enemistades, celos, pleitos, iras, con­tiendas, disensiones, herejías, envidias, homicidios, bo­rracheras, glotonerías y cosas semejantes (Gálatas 5:17-21). Los que hacen tales cosas no heredarán el reino de Dios.

"El hombre natural no percibe las cosas que son del Espíritu de Dios, porque para él son locura, y no las puede entender, porque se han de discernir espiritualmente" (1 Corintios 2:14).

La mente del hombre, separada de la mente de Dios, es ineficaz e impotente. Aunque la filosofía humana procura resolver los problemas fundamentales de la vida por la inteligencia propia del hombre, no puede hacerlo, porque él, a través de sus facultades naturales, no puede percibir lo que está fuera de sus límites. Ni por medio de su razón puede saber lo que está más allá de sus conocimientos. Estos profundos misterios sólo lo confunden y se le hace necesaria la revelación divina.

El hombre comprende lo que debe ser, y sabe que no ha alcanzado esa meta. Le falta no sólo más luz, sino más poder. Por sí solo no debe sentirse más que oprimido a causa de la consecuencia de sus grandes pecados. Necesita ser librado y perdonado. Los esclavos del pecado no son libres.

Aunque la filosofía humana y el mayor de los intereses intelectuales del hombre sean verdad, jamás le guiarán a la paz con Dios ni le proporcionarán el poder para levantar a sus semejantes. La pobre luz de la sabiduría humana no ilumina lo impenetrable de lo futuro ni lo oculto del corazón humano. La historia de la humanidad confirma lo dicho por Pablo, acerca de que el hombre, por su propia sabiduría, no ha conocido a Dios (1 Corintios 1:21).

En Jesucristo hay paz y poder. El Espíritu Santo revela los grandes misterios con tal sencillez que aun "el niño recién nacido en la fe" puede tomarlos y aprovecharlos. El que cree es perdonado de sus pecados por Jesucristo, pues "en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos" (Hechos 4:12). Lo indispensable para el hombre es conocer al Señor todopoderoso que lo perdona, transforma y ayuda a ser perfecto como su Padre celestial. Entonces su liberación no es un problema oscuro; por la maravilla de la gracia divina, el hombre salvo queda emancipado de la ley del pecado. La ley del Espíritu de vida en Cristo Jesús le libra de la ley del pecado y de la muerte (Romanos 8:2). Entonces los misterios de la vida, que han mantenido perplejo al hombre a través de los siglos, son revelados por obra del Espíritu Santo.

La fe se basa en un conocimiento personal de Jesucristo. El hombre debe conocerle. La iglesia debe conocer los ministerios del Espíritu Santo, escudriñando las Escrituras. "Pero Dios nos las reveló a nosotros por el Espíritu; porque el Espíritu todo lo escudriña, aun lo profundo de Dios" (1 Corintios 2:10).

Dios puede usar a una iglesia, si el pastor y los creyentes están llenos del Espíritu Santo. Cualquier iglesia de la actualidad, como en tiempos pasados, que no alcance este ideal, perderá su alta vocación, a pesar de su gran actividad o la perfección de su organización. Por desgracia, la iglesia actual se está desarrollando como organización administrada humanamente, comprometida con el mundo y dependiente de las ceremonias religiosas; y como tal, no puede agradar a Dios, rescatar al mundo del pecado ni cumplir la misión de Cristo. La iglesia de nuestros días está muy debilitada en cuanto a poder espiritual. De hecho, en muchos lugares disminuye el número de personas que se añaden al Cuerpo del Señor. Mas la verdadera iglesia de Jesucristo es la que está llena del Espíritu, y Dios quiere que así sea en nuestros tiempos. "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús" (Filipenses 2:5).

 

 

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