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Iglesia Evangélica Filadelfia JESÚS DESCENDIÓ A LOS HOMBRES PARA IMPARTIR
Por Carlos González Mt 8:1 “Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente”. Jesús descendió del monte y por ello las multitudes le seguían, porque él era la esperanza de la liberación de Israel, el profeta esperado desde los tiempos de Moisés. Pero ellos no se estaban dando cuenta de la verdadera realidad la cual ellos estaban viendo y viviendo. En el versículo 2 y 3 sanó a un lepreso. El subir al monte es un privilegio de unos pocos, según Salmos 24:3 “¿Quién subirá al monte de Jehová? ¿Y quién estará en su lugar santo?” y en Mateo 17 vemos a Jesús siendo transfigurado en medio de la aparición visible de Moisés y Elías. El monte santo es un lugar inaccesible para los carnales, recordemos que a Moisés se le presentó Dios en el monte para encontrarse con él, y darle sus instrucciones, de cómo y cuando debía de libertad a Israel, de Egipto y de Faraón. Pero cuando Jesús descendió al lugar donde estaba el pueblo, ellos fijaron en él su vista, convirtiéndose en el centro de atención del pueblo, de forma que sus pasos eran seguidos por todos. Hay gente que no puede seguirle allá en el monte, pero si nuestro Dios puede descender donde está el pueblo, el dejó el cielo para habitar entre los hombres y en su paso y cercanía con el hombre fue capaz de traer sanidad a los cuerpos, valores de santidad al pueblo, normas de justicia, y todo un sinfín de pensamientos y palabras de vida eterna. El es capaz de cambiar la adoración celestial de los seres angelicales para habitar en medio de hombres pecadores llenos de necesidades. Jesús es capaz de arrastrar la presencia gloriosa que hay en el monte al pueblo llano, lleno de necesidades, él a través de los milagros, señales, y maravillas establecía su gloria en medio del pueblo. Todo eso no era más que la gloria que rodeaba el maravilloso mensaje de su palabra y su persona. Los milagros y señales, son el sello y demostración de que lo que se predica y quien lo predica proviene de Dios. Posiblemente haya mucha gente que no puede ir donde estás tú (hermano que eres fiel a Dios), pero tu si puedes ir donde están ellos. Los incrédulos no aguantan todos los días culto, durante una o dos horas, los incrédulos no aguantan la meditación y oración en silencio de los cultos o reuniones de oración. Ellos no entienden que te quedes sin comer orando, esperando recibir algo, en un ayuno. Ellos no entienden como Dios puede estar en medio de una reunión de 700 personas, cuando muchos van a presumir y hablar con la gente. Pero si tú estás lleno del Espíritu Santo de Dios no solo obtendrás bendición en todos estos lugares y actividades sino que también serás capaz de transmitir el amor, el gozo, paz y presencia del Dios que habita en los lugares santos. Debemos de transmitir de su divina presencia, no es lógico es ser lleno en las reuniones y vacios en medio de una sociedad que se destruye en valores y principios, en medio de un mundo que para todo quiere una explicación científica y una lógica demostrable. Según 1 Pedro 2:9 “Mas vosotros sois linaje escogido, real sacerdocio, nación santa, pueblo adquirido por Dios, para que anunciéis las virtudes de aquel que os llamó de las tinieblas a su luz admirable” La escritura nos da al pueblo de Dios 4 títulos muy bonitos y gloriosos. Pero recordemos que esos títulos son realidades que están en la mente de Dios porque así nos ve él, pero también nosotros debemos creer que somos linaje escogido, real sacerdocio, nación santa y pueblo adquirido por Dios. Pero también debemos de demostrárselo al mundo, y es con nuestra forma de vida, que nosotros que estuvimos en las tinieblas ahora estamos en la luz de Dios, y si hemos experimentado esa transferencia y cambio de una vida de pecado a una de santidad, los hombres se darán cuenta. Pero nuestra responsabilidad es que si Dios nos ha llamado cuando estábamos en las tinieblas y ahora estamos en su luz admirable, ahora nosotros tenemos como pueblo suyo que anunciar la virtudes del Dios que nos llamón y nos trasladó de las tinieblas a la luz admirable. Un siervo anuncia las virtudes de su señor al que pertenece, pero nosotros como siervos de Jesucristo tenemos dos responsabilidades mantenerlos en la luz que Dios nos puso y anunciar la grandeza de Dios al mundo inconverso. Solo los que viven en la luz de Dios pueden anunciar a un Dios de luz. Como pensamiento para meditar, creo que todos debemos de hacernos esta pregunta ¿qué estamos compartiendo en el mundo? ¿Estoy en la luz de Dios para anunciar las virtudes de Dios? ¿Seré capaz con la ayuda de Dios de transmitir el mensaje de salvación que vivo en mis reuniones y círculo cristiano en el cual vivo? ¿Trasmito presencia de Dios, a donde voy? ¿Iré donde haya necesidad? .
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