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Iglesia Evangélica Filadelfia Por Carlitos de la Corrala CUANDO PARECE QUE DIOS LLEGA TARDE Hay momentos en la vida de todo hombre que parece que Dios llega tarde, que no está cuando le necesitamos, que nos vemos solos ante una situación lamentable que no podemos manejar, cuando nos vemos amenazados por la dificultad, y la confusión y parece que Dios no está entre nosotros. Cuando hemos experimentado el problema, y salimos de esa situación y luego encontramos la paz y la tranquilidad suele haber una queja en el corazón del hombre hacia Dios, pues la bendición viene una vez que se ha superado la dificultad, y muchos dicen ¿Dios ha llegado tarde? Pero por muchas veces que se diga, eso no es la realidad, porque Dios nunca llega tarde, él siempre llega a tiempo. Vamos a ver una ocasión en la que parecía que Dios llegaba tarde.
JESUS VISITA LA TUMBA DE LAZARO Juan 11:21, 32-35 “21 Y Marta dijo a Jesús: Señor, si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”. “32 María, cuando llegó a donde estaba Jesús, al verle, se postró a sus pies, diciéndole: Señor, si hubieses estado aquí, no habría muerto mi hermano. 33Jesús entonces, al verla llorando, y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió, 34 y dijo: ¿Dónde le pusisteis? Le dijeron: Señor, ven y ve. 35Jesús lloró”. Tanto Marta, como María expresan la misma idea, “si hubieses estado aquí, mi hermano no habría muerto”, esto es algo que le dijeron a Jesús cuando llegó a Betania al sepulcro de Lázaro que llevaba cuatro días muerto. Ellas tenían esa convicción de que si Jesús hubiera estado durante la enfermedad de Lázaro o en los últimos momentos de su vida desde luego que no habría muerto, pues con sólo tocarle o una breve declaración verbal hubiera sido sanado de su enfermedad. Ciertamente esta idea era algo que estaba provocando dolor en el corazón de estas hermanas abatidas por el dolor de la enfermedad y muerte de un ser tan querido como su hermano. Esto estaba provocando una raíz de amargura en el interior de estas dos mujeres aunque tan distintas en carácter les unía la misma preocupación. Pero Jesús quiso demorar su visita a Betania, aunque Jesús había sido avisado por esta familia para que acudiera días antes de morir, Jesús no llegó tarde, aunque para todo el pueblo y gente que estuviera allí pensaran que había llegado cuando ya no había solución. El dador de la vida hizo su aparición y él no reprochó a ninguna de ellas, ni Marta ni María fueron amonestadas, pero si escucharon la tierna voz del Maestro declarándoles “Yo soy la resurrección y la vida; el que cree en mí, aunque esté muerto, vivirá”. Hay algo que siempre me ha llamado la atención, y es que utilizan este texto para reconocer que Jesús lloró y eso era una señal de su humanidad. Ciertamente así es, sólo los hombres lloran, y Jesús que era el Dios vivo que tomo un cuerpo de carne, era 100% hombre y 100% Dios. Jesús lloró, la mayoría de los hombres dicen que lloró por Lázaro, que era su amigo, y lloró al verle que estaba 4 días enterrado, pero esto a mi personalmente no me parece correcto utilizar esa interpretación. Veamos lo que dice la escritura. “11Dicho esto, les dijo después: Nuestro amigo Lázaro duerme; mas voy para despertarle. 12 Dijeron entonces sus discípulos: Señor, si duerme, sanará. 13 Pero Jesús decía esto de la muerte de Lázaro; y ellos pensaron que hablaba del reposar del sueño. 14 entonces Jesús les dijo claramente: Lázaro ha muerto; 15 me alegro por vosotros, de no haber estado allí, para que creáis; mas vamos a él”. Jesús sabía lo que iba a hacer, sabía que había muerto, y cuando el llegara allí le iba a devolver la vida, y Lázaro resucitaría, dejaría el sepulcro para poder vivir con sus hermanas. El sabía lo que tenía que hacer, su muerte no fue ninguna sorpresa, por eso tampoco tendría motivos para llorar pues lo iba a resucitar, fue con ese propósito. Pero si Jesús lloró, fue como dice los v.33-35 “al verla llorando (María), y a los judíos que la acompañaban, también llorando, se estremeció en espíritu y se conmovió…. 35Jesús lloró”. Jesús lloró al ver la incredulidad de María y de los judíos que también las acompañaban en el duelo, que también lloraban; ellos estaban sin ilusión, sin esperaza, dolidos por la muerte de un buen hombre, ellos estaban sin fe, en momentos de dolor y tristeza. Jesús aunque sabía que lo iba a resucitar, no fue capaz de aguantar el dolor de María y de los judíos que estaban llorando. Así como una madre cuando ve a su hijo pequeño que le están poniendo una vacuna, que no tiene mucha importancia, que es un momento de dolor que lo que va a pasar, al ver que su hijo llora cuando la aguja entra en la piel del niño, la madre también llora, sabe que no tendrá muchos efectos, pero al ver el dolor de su hijo no puede aguantar y llora juntamente con el niño. Así le ocurrió a Jesús, en esa ocasión, lloró por el dolor y la incredulidad de Marta, María y de los judíos. Debes de entender esa verdad, Jesús llora cuando tú pasas por la dificultad y el dolor, y cuando tú te entristeces, él se entristece contigo, y aunque sabe que el trato y dificultad que tienes llegará a su fin y habrá un feliz final ciertamente el no pasa por alto tu dolor, él te comprende y sufre, cuando tú sufres. En esa ocasión cuando todos estaban llorando, en el v.43 nos explica que Jesús “clamó a gran voz: ¡Lázaro, ven fuera! Y el que había muerto salió”. El no llega tarde, siempre llega a tiempo, posiblemente no entiendas por donde estás pasando, pero cuando lo atravieses, te darás cuenta de que El no llega tarde. Y que por muy difícil que sea tu situación y muy hondo que sea el pozo donde te encuentres no olvides, que no es lo demasiado profundo como para que Dios no tenga sus manos debajo. Jesús lo cambia todo en un instante, el que llama a las cosas que no son para que sean, es el mismo que da vida, en un segundo, y todo lo que Satanás rompió y destrozó, Jesús lo restaura en un momento. Confía el no llega tarde
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