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Iglesia Evangélica Filadelfia EL DIA DE LOS PARAGUAS ROTOS Por Carlos González Siempre me ha llamado la atención los días de lluvia y viento. Son esos días en los que nos gustaría quedarnos en casa y ver desde la ventana la gran lluvia y el fuerte viento. Pero desde luego uno tiene obligaciones y cosas que hacer y no podemos permanecer en casa. Pero al salir empezamos a sentir las consecuencias del temporal, nos empezamos a mojar y el paraguas no nos cubre todo el cuerpo, las piernas quedan al descubierto, y parece que el agua cae por todas direcciones, pues el viento hace que el agua sea casi imprevisible el saber por dónde va a venir. Pero por desgracia cuando azota el viento, el paraguas parecer que quiere volar y apartarse de nuestra mano el golpe de desgracia acontece, y las varillas del paraguas se tuercen, tras un gran azote de viento, quedando el paraguas inutilizable, y lo peor de todo es que el paraguas se rompe cuando más lo necesitas. Se rompe en el día que llueve que es cuando realmente tiene valor el paraguas. Cuando se rompe y estás en la calle, te queda aguantar el chaparrón y esperas dentro de ti llegar pronto al lugar donde vas. Esta experiencia es algo real que a todos nos ha pasado en algún momento, las cosas se rompen cuando más las necesitamos, se rompen cuando las usas y te están prestando un servicio. Cuando dejan de funcionar es cuando las echas en falta. A todos nos sucedes los momentos de infortunio, y en las cosas en que confiamos son las mismas que nos fallan en el momento que más las necesitamos. Para ilustrar esta realidad podemos ver por ejemplo en la Biblia en 2 Crónicas 25:5-12 en los que el rey Amasías de Judá, tenía que salir a la batalla contra Seir (Edom), el convocó a todo su ejercito, pero comprobó que no era suficiente para pelear contra el enemigo. Y lo que hizo fue contratar a un ejército mercenario para que combatiera a su lado contra el enemigo, y de hecho hizo el pacto con el ejercito de Joacaz que el reino de Israel estaba vendido a la maldad y a la idolatría, y con ellos hizo el pacto para salir contra los de Seir. El ejército del reino de Joacaz de 100.00 hombres a cambio de 100 talentos de plata, son unos 3.300 Kg de plata. Pero antes de salir al campo de batalla vino un hombre de Dios, un profeta desconocido para nosotros que le dijo al mismo rey: “Rey, no vaya contigo el ejército de Israel; porque Jehová no está con Israel, ni con todos los hijos de Efraín. 8 Pero si vas así, si lo haces, y te esfuerzas para pelear, Dios te hará caer delante de los enemigos; porque en Dios está el poder, o para ayudar, o para derribar”. Esto era algo muy duro, decirle a un rey que su ejército salga solo sin la ayuda del ejército de mercenarios, que si sale con ellos, y no escucha a Dios, serían derrotados, pero que si salía con su propio ejercito aunque el ejercito enemigo fuera muy fuerte no importaría, porque en Dios está el poder para ayudar y ellos saldrían como vencedores y no como derrotados. Pero además Amasías tenía otro problema no solo el enfrentarse contra los Edom, sino que quedaría mal con el ejército de Israel, quedarían como si fueran enemigos, y no podrían hacer futuros tratos y pactos. Y lo peor es que había pagado como adelanto los 100 talentos de plata que los perdería si los mercenarios no luchaban, eso sería una vergüenza para él pues era una auténtica perdida económica, y todos los hombres de oposición dentro de su país le criticarían y se reirían de él. Amasías tiene un duro día tiene: una batalla pendiente contra un difícil enemigo, tiene que perder la ayuda de 100.000 hombres valientes, y pierde 100 talentos de plata (recordemos que un talento de plata son 6000 denarios y 1 denario es el salario de un día de un trabajador). En lo que Amasías confiaba era lo mismo que se rompía en sus manos, la ayuda de ese ejército. Esto es un ejemplo del “día de los paraguas rotos” en el que todo lo que necesitamos se rompe, y parece que todo nos va a salir mal. Pero Amasías tenía que tomar una decisión: creer en sus capacidades y pronósticos, o confiar en Dios. Pero el profeta le dijo a Amasías en el v.9 “Jehová puede darte mucho más que esto”. Debemos de creer que aunque sea difícil, que por mucho que perdamos en el día a día, El nos va a dar mucho más que lo que perdimos. Tenemos un Dios que en él esta el poder para ayudar o para derribar. Si alguno lo duda es algo normal, pero solo los que confían en Dios pueden recibir luego de Dios lo que el tiene preparado para ti. Amasías despidió al ejército de mercenarios, salió con su propio ejército al campo de batalla y destrozo a Edom en el Valle de la Sal, allí cayeron 10.000 hombres de Edom y fueron tomados prisioneros otros 10.000 hombres. Dios le dio la victoria en el “día de los paraguas rotos”. Ante una gran lluvia lo mejor es refugiarnos en El como dice en Isaías 32:2 “Y será aquel varón como escondedero contra el viento, y como refugio contra el turbión; como arroyos de aguas en tierra de sequedad, como sombra de gran peñasco en tierra calurosa”. Por tanto, no decaiga tu corazón y confía en él aunque las circunstancias muchas veces sean negativas.
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